Emisiones de carbono; la amenaza de su reglamentación
La decisión de la EPA es meramente técnica y todavía tendrá que someterse al filtro del congreso, pero es una señal inequívoca de la determinación del presidente Barack Obama de "enverdecer" su programa político, como ya había anticipado durante su campaña electoral. Para dar una muestra de cómo son las cosas ahora, en la entrevista colectiva en la que anunció la medida, la encargada de la EPA, Lisa P. Jackson, no ocultó el carácter esencialmente político de la forma en que habrán de tratarse los asuntos referentes a los cambios climáticos. Según ella, para justificar la posición anterior de la EPA, que no consideraba al CO2 "contaminante" (lo cual servía de soporte para la posición del gobierno de Bush, que se oponía a la reglamentación de las emisiones de CO2), la agencia promovió la "revisión" de las evidencias científicas y constató que "la contaminación de gases que provocan el efecto invernadero es un problema grave ahora y para las generaciones futuras." "Felizmente están en sintonía con la propuesta del presidente Obama de crear una economía de emisión de carbono reducida y un liderato firme en el Congreso sobre energías limpias y legislación climática. Esta solución va a crear millones de empleos verdes y pondrá fin a nuestra dependencia con el petróleo extranjero," afirmó (BBC Brasil, 17/04/2009). Por ironía, la iniciativa sucede en un momento de vacío notable del alarmismo "calientista" entre la población estadounidense, cuya preocupación mayor es la supervivencia económica en medio de los efectos devastadores de la crisis económico financiera en las actividades productivas y en el empleo del país.
Una investigación reciente del Instituto Rasmussen Reports demostró que tan sólo uno de cada tres electores estadounidenses (34 por ciento) cree ahora que el calentamiento mundial sea causado por la intervención del hombre, contra 47 por ciento de hace un año; de los entrevistados, 48 por ciento atribuyen correctamente el fenómeno a la dinámica natural del planeta. No obstante que dicha tendencia pudiese dificultar la iniciativa del Congreso (ya de por sí no muy inclinado a aprobar grandes restricciones de las emisiones), representa un fuerte aliento para el plan "calientista" para el extranjero. Como afirmó en Washington a la BBC un representante de la ONG Pew Environmental Group , la decisión "recupera el papel de Estados Unidos en su calidad de líder del escenario mundial." Además, el deterioro del sistema financiero "innovador" y las inevitables restricciones impuestas a los instrumentos financieros altamente especulativos que llevaron al desastre pueden representar un fuerte incentivo para que los "créditos de carbono" funciones con una fuente de recursos grande y nueva para la rebatinga financiera.
Un grupo de analistas de la Universidad de Duke divulgó en febrero pasado un estudio con recomendaciones entusiastas para que el Congreso estableciese un mercado de derivados de instrumentos financieros fundados en un mecanismo llamado cap and trade (limitar y negociar, literalmente del inglés.
A pesar de no contar con la simpatía generalizada del Establishment anglo-americano, el mecanismo cap and trade es uno de los favoritos de los círculos demócratas de los que proceden el presidente Obama y su antecesor demócrata Bill Clinton, así como de los "neolaboristas" británicos del premier Gordon Brown, en los que el ex vicepresidente Al Gore actúa como un eficiente intermediario (además de ser él mismo un próspero negociante de "créditos de carbono" con su empresa GIM, convenientemente instalada en Londres). Con el derrumbe de la "globalización" financiera estas redes ven en la "financierización" de las cuestiones climáticas una oportunidad imperdible para la preservación de su plan hegemónico -de una forma "agradable" para la opinión pública mundial. No es coincidencia que el sociólogo Anthony Giddens, de la Escuela de Economía de Londres, idealizador de la "tercera vía" abrazada por Blair, Clinton et alii, acabe de presentar un libro sobre cuestiones climáticas, La política del cambio climático (The Policy of Climate Change), el cual recibió el elogio inmediato del físico y ex ministro José Goldemberg en un artículo publicado en el periódico O Estado de S. Paulo del 20 de abril (Ética y cambio del clima). En sus propias palabras:
"En opinión de Giddens, el debate sobre cambios climáticos no debe quedar en mano de tan sólo el movimiento ambientalista, cuya vocación es la de no interferir mucho en la naturaleza, es decir, "conservacionista" en su esencia -eso hubiese sido posible hace 200 años, antes de la revolución industrial, pero no ahora. Él propone, entonces, que busquen soluciones técnicas para la crisis actual y parece tener cierta preferencia por una estrategia de adaptación a las nuevas realidades de un planeta con temperaturas más elevadas, por medio de prácticas agrícolas mejores en países como Brasil.
"Giddens propone también que los países industrializados carguen con 95 por ciento del fardo del combate de las emisiones de gases con efecto invernadero por los siguientes 10, 15, 20 años, hasta no reducirlas, ya que no sería moralmente correcto exigir que los países en desarrollo carguen con este costo."



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