Londres promueve el “desarrollo insostenible”
Opacada por la reunión del G-20 realizada recientemente en Londres, pasó casi desapercibida una reunión paralela de alto nivel, en la que fue debatida la idea de crear un mecanismo financiero internacional que cuente con entre 10 mil y 20 mil millones de dólares por año, entre el año 2010 y 2020, para fondear la conservación y uso sustentable de los bosques tropicales.
La reunión fue organizada por nadie menos que el príncipe Carlos de Inglaterra y contó con la presencia de los primeros ministros de Japón, Australia, Noruega e Italia; los presidentes de Francia e Indonesia, del rey de Arabia Saudita; de la canciller alemana Angela Merkel y de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. Participaron también el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, el presidente de la Comunidad Europea, Durâo Barroso. Brasil fue representado por el canciller Celso Amorim, acompañado por el director general del Servicio Forestal Brasileño, Tasso Azevedo.De acuerdo con una nota del Ministerio del Medio Ambiente de Brasil del 2 de abril, los recursos mencionados serían concedidos a los países tropicales condicionados a los resultados obtenidos en la conservación de los bosques. Los presentes establecerán un grupo de trabajo internacional que deberá presentar un modelo a seguir con plazo a julio próximo, antes de la conferencia que se realizará en Copenhague al final del año.
No existe la menor duda de que tal cantidad de dinero jamás será concedida a los países tropicales sin alguna condicionalidad, además de la tal “conservación de los bosques”, mero eufemismo que oculta intereses que poco tienen que ver con asuntos ambientales.
Planes post Kioto
El hecho es que los países de la Unión Europea se metieron de lleno a la política de contener el supuesto calentamiento global antropogénico e impusieron difíciles metas para controlar la emisión de CO2, calificada como la causa principal del fenómeno. Esto, naturalmente, acarreará costos económicos y financieros adicionales que comenzarán a reflejarse en los precios de la cadena productiva de estos países, situación que tiende a agravarse geométricamente debido a la actual crisis financiera mundial.Se espera que en tal escenario, surgirán enormes presiones en Europa para que sus gobiernos exijan una especie de “equivalencia de carbono” de países emergentes como China, Brasil, India y otros que, según el protocolo de Kyoto, no están obligados a cumplir metas para reducir sus emisiones de CO2.Acerca del Protocolo, como es sabido, una de las formas para compensar estas emisiones es la compra de “créditos de carbono” provenientes de los bosques plantados, pero no de los bosques nativos, como los de la Amazonia o los de la cuenca del Río Congo, en África.
Temporalmente, prevaleció el argumento que, si los bosques nativos fuesen incluidos, los grandes “contaminadores” podrían continuar la emisión de CO2 mediante la compra de créditos de carbono respaldados en las inmensas cantidades de gas incorporado en los árboles de estos bosques.Pero, como el entonces mayor emisor mundial de CO2, EU, se rehusó a refrendar el Protocolo, este se volvió letra muerta para efectos prácticos, exceptuando a los países de la Unión Europea que, aunque sin éxito (salvo Alemania) ha venido tratando de alcanzar sus metas reductoras de CO2.
Mediante este impasse y con la vigencia del Protocolo de Kioto llegando a su término (2012), los arquitectos del calentamiento antropogénico, capitaneados por Londres, pusieron en marcha un “plan B” que pudiese ser aceptado, tanto por los países desarrollados como por los emergentes, en la próxima Convención de Copenhague donde serán establecidas las directrices para un nuevo acuerdo sobre cambios climáticos post-Kyoto.Este plan B, lanzado oficialmente durante la Conferencia del Clima realizada en noviembre del 2007 en Bali, Indonesia, se llama REDD (Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation) y tiene como eje principal la inclusión de los bosques tropicales nativos en el cómputo de las cantidades de los créditos de carbono ofertadas en las bolsas de valores. Para que sea aceptado con mayor facilidad por los países tropicales donde sobresale Brasil, el REDD es presentado como un pago por “deforestación evitada” o por “servicios ambientales prestados” por los bosques tropicales que se mantuvieran intactos, entiéndase Amazonia.
El REDD fue inicialmente delineado por el príncipe Carlos, en octubre del 2007, durante una cena especialmente realizada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en ocasión del lanzamiento de su programa más nuevo, “La Iniciativa Amazónica”. En su discurso, Carlos rindió un emotivo homenaje al WWF y a su padre, el príncipe Felipe (fundador y presidente emérito de la ONG):
“Señoras y señores, los bosques (tropicales) necesitan ser vistos como son –gigantescas utilidades globales, proveedoras de servicios públicos en gran escala para la humanidad…
“Ninguno de estos países puede resolver solitario el problema de la deforestación pues, frecuentemente, es causada por la demanda de los países desarrollados por aceite de coco, carne o soya. El punto aquí es que todos nosotros –el mundo todo- estamos juntos en esto y es por eso que, juntos, necesitamos garantizar que todas las medidas necesarias (para contener la deforestación) sean emprendidas.
“Trabajaremos con el sector privado, gobierno y especialistas ambientales en el desarrollo de una serie de soluciones prácticas que puedan comenzar a ser implementadas en los próximos 18 meses. Esto es importante, pues es en este período que el G8 y la ONU establecerán las prioridades durante las negociaciones (de la extensión) del Protocolo de Kyoto.
“La tarea es revisar, desarrollar y proponer mecanismos, incluyendo soluciones legislativas y de mercado y otras ideas que reconozcan el valor real de los servicios del carbono y del ecosistema proporcionados por los bosques (tropicales) que quedan”.
Posteriormente, en abril de 2008, Carlos organizó y realizó un encuentro especial en Londres congregando autoridades y parlamentarios de estados de la región amazónica con representantes de instituciones financieras y de las indefectibles ONG. Por parte de Brasil estuvieron presentes los gobernadores Ana Júlia Carepa, de Pará; Waldez Góes, de Amapá y José de Anchieta Junior de Roraima. Acre y Amazonas fueron representados por los senadores Tiâo Viana (PT) y Arthur Virgilio (PSDB), respectivamente. De otros participantes, se destaca la presencia de ejecutivos de grandes empresas como Rio Tinto, Shell, Deutsche Bank, Goldmann Sachs, Morgan Stanley y MacDonald’s que se mezclaron con dirigentes del WWF, Greenpeace, Friends of the Earth (amigos de la Tierra) y hasta con líderes indígenas como Almir Suruí, de la COIAB.
Según explicó uno de los organizadores del encuentro, el empresario brasileño Jorge Pinheiro Machado, el príncipe Carlos se quiere transformar en interlocutor privilegiado entre las personalidades brasileñas involucradas en las cuestiones amazónicas y los líderes británicos interesados en la “protección” de los bosques amazónicos. El objetivo de Su Alteza es promover una especie de “financierización” de los bosques nativos vía remuneración de “servicios ambientales” que prestan a la humanidad. La línea de acción del esquema contempla una mejora de la calidad de vida de los pueblos del bosque –entiéndase indios, para que se conviertan en “guardianes del bosque”. Según Machado, la comunidad británica estaría dispuesta a desembolsar cerca de 10 mil millones de libras esterlinas (más de 50 mil millones de reales) para remunerar los servicios ambientales prestados por los bosques.
Relación especial EU-Inglaterra es “verde”
La presencia de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton en esta reunión se debe al cambio de orientación de la política de EU en relación al tema. A diferencia de su antecesor, el presidente Obama es un entusiasta defensor de la tesis “calientista” y ya anunció planes para implantar un esquema completo de “cap and trade” (literalmente, limitar y negociar) para controlar las emisiones de CO2 que, conceptualmente, poco difiere de lo actualmente adoptado por los europeos.Como lo hemos documentado en este informativo, el mes pasado, el premier británico Gordon Brown realizó una visita a EU para ajustar su agenda con Obama en el combate a la crisis global haciendo grandes concesiones a los intereses que controlan el ambientalismo internacional con la promoción de las llamadas “tecnologías verdes” teniendo, como telón de fondo, los negocios de los créditos de carbono.
Esta convergencia de agendas no fue nada casual, y refleja en gran medida la influencia sobre ambos de un importante segmento del Establishment angloamericano que tienen en el ambientalismo radical uno de sus principales instrumentos de presión políticos. Desde luego el portavoz itinerante, es el ex-vicepresidente Al Gore. En 2006, Gore fue nominado por Brown, entonces ministro de Finanzas del Gobierno de Tony Blair, “consejero especial para cambios climáticos”, condición que todavía ocupa.
“Desarrollo insostenible”
No queda la menor duda de que semejante montaña de dinero prometida en Londres (entre 10 y 15 mil millones de dólares anuales) jamás será “pagada” a los países tropicales sin alguna contrapartida económica y/o geopolítica además de la propalada conservación forestal, jerga retórica usualmente utilizada para el consumo de la opinión pública mundial. A largo plazo, el Establishment angloamericano lo que busca es que la Amazonia se mantenga como una inmensa reserva de recursos naturales, subpoblada, aislada y rodeada por decenas de territorios indígenas en busca de autonomía. Por eso mismo, la política de “deforestación evitada” promovida por Londres debe ser llamada por lo que directamente es: desarrollo “insostenible”.



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