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Como son verdes las tinieblas de Al Gore

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Un grupo numeroso de la elite del poder anglo-americano ve, en la crisis sistémica que derrite el sistema financiero, la gran oportunidad para consolidar las estructuras de un gobierno mundial que comenzaron a ser ensayadas con el advenimiento de la salvaje globalidad. Por eso es cada vez más frecuente escuchar voces que presionan para que los cambios económicos a ser efectuados ocurran  a nombre de la governanza mundial en el ámbito de la ONU y en las instituciones multilaterales, FMI, Banco Mundial, etc.

Un ejemplo de ello es el renovado impulso del excéntrico malthusiano ex-vicepresidente y premio Nobel de la Paz Albert Gore, para imponer la agenda ambientalista, que pregona hace décadas, aprovechando la depresión económica que toca las puertas de la economía estadounidense. Él considera que el triunfo de Barack Obama sería la oportunidad para introducir las reformas energéticas que consagren el fin de la era industrial en los Estados Unidos. Claro está que para mantener el status de potencia mundial los Estados Unidos tendrían que garantizar que el resto del mundo adopte la misma insensatez, en  “defensa de un planeta más limpio” y, evidentemente, ¡despoblado!

En un articulo del New York Times  publicado en Brasil en el periódico O Estado de São Paulo en su edición del 16 de noviembre, titulado "Soluciones para clima y economía caminan juntas", Gore, exultante,  se refiere así a la selección de Barack Obama por el pueblo norteamericano: "La electrizante redención de la revolucionaria declaración hecha por los Estados Unidos afirmando que todos los seres humanos nacen en igualdad prepara el palco para la renovación de la dirigencia americana en un mundo que necesita desesperadamente proteger su dote primario: la integridad y las condiciones de vida del planeta".

Su júbilo es porque con la profunda crisis económica la nación americana  enfrenta una histórica oportunidad,  "los audaces pasos necesarios para resolver la crisis climática son los mismos que necesitan ser tomados para resolver la crisis económica y la crisis de seguridad energética", pero su solución es diametralmente opuesta  a la que adopto el gran presidente Franklin Delano Roosevelt,  quien con el denominado New Deal sacó a la nación americana de la Gran Depresión de los 1930s, heredada del gobierno anterior.  Según él, el vector de tal triple revolución, -la crisis económica, la climática y la seguridad energética-, sería ejecutar de inmediato un programa energético  dividido en cinco partes para sustituir "las tecnologías energéticas del siglo XIX, que dependen de combustibles peligrosos y caros, por tecnologías del siglo XXI, que utilizan combustible gratuito y abundante: el sol, el viento y el calor natural de la tierra". Con esto se generaría empleo abundante lo que redundaría en paliar la severa depresión que se avecina.

Parafraseando al  presidente electo Barack Obama quien ha afirmado que el desafío energético de los EU es como mandar el hombre a la luna, Gore hace suyas las palabras agregando que se debe aprovechar el "ascenso de los jóvenes americanos, cuyo entusiasmo electrizó la campaña de Obama. No hay duda que este mismo grupo de jóvenes desempeñará un papel esencial en este proyecto  (energético nr) para garantizar el futuro del país".  Para complementar afirma, que este será el nuevo programa Apolo lanzado en la presidencia de John F. Kennedy (1961-1963).

Lo que Gore denomina tecnologías modernas no pasa de un mero eufemismo de un sistema económico pastorial. Gore trata de ocultar, a sabiendas, la descabellada intención de sustituir la matriz energética mundial, incluyendo la de los Estados Unidos (en la cual nada menos que tres cuartas partes del consumo de energía mundial  provienen de los combustibles fósiles)  por tecnologías “alternativas” de baja densidad energética, cuya consecuencia sería un  brutal retroceso económico y demográfico; perspectiva oscura que en nada difiere  de la visión genocida de los nazis y de Adolfo Hitler, dicho sea, también  profesaban arraigados dogmas ambientalistas y malthusianos.

El problema es que la de Al Gore no es una voz aislada, sino que tiene resonancia significativa entre  la elite de poder bipartidista americana y por lo que se ve entre las filas de allegados del presidente electo Barack Obama, como es visible en los nuevos nombramientos para su equipo de transición  en el área de medio ambiente y ciencia y tecnología.

En una entrevista al periódico brasileño Folha de São Paulo  publicada el 18 de noviembre el jurista Daniel Esty  miembro del equipo de Obama para energía y medio ambiente prácticamente se hace eco de las consideraciones de Al Gore sobre la triple revolución, "creo –afirmó- que el pueblo americano está listo para un cambio, para un futuro de energía limpia, por múltiples razones… el público americano no tenía idea clara del cuadro de los cambios climáticos hasta recientemente… En términos de seguridad, existe también una frustración con la situación en Irak y el Medio Oriente. Y el público americano  concluyó que una economía de combustibles fósiles significará más de lo mismo. Hay un tercer elemento en esta lógica: el pueblo americano implora por una nueva economía, que creará nuevos empleos".

Manifestaciones semejantes han sido hechas por luminarias de las veteranas redes ecologistas del Establishment  anglo-americano, como el celebre lord Nicholas Stern, y el director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Achim Steiner que llega al extremo de  hablar de un  New Deal Verde Global”, en respuesta a la presente crisis financiera.           

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