MSIa: La mafia de los "derechos humanos" trama golpe desde el sótano palaciego La mafia de los "derechos humanos" trama golpe desde el sótano palaciego ================================================================================ Silvia Palacios y Lorenzo Carrasco on 22 January, 2010 12:17:00 En medio de las fiestas navideñas, el gobierno del presidente Luiz Lula da Silva divulgó el III Programa Nacional de Derechos Humanos (IIIPNDH). Un documento tan extenso, como repleto de las propuestas típicas del poder político supranacional que bajo el manto de la defensa de los derechos humanos los manipulan ad hoc como arma para vulnerar los mejores logros de los Estados nacionales soberanos. Aunque se podría afirmar que el Plan, sancionado por el Presidente, es irreal y utópico pues su ejecución demandaría la elaboración de decenas de nuevas leyes por parte del Congreso Nacional - de hecho implicaría una nueva Constitución - que en un año electoral es imposible, lo que resalta es la influencia del grupo de radicales que lo concibió en los sótanos del palacio presidencial de Planalto. El IIIPNDH es un muestra colorida de una concepción del mundo retrograda que recuerda las demandas del socialismo utópico liberal-"humanitario" de mitades del siglo 19, revestido con el lenguaje post moderno del decadente mundo globalizado; su intransigencia supera la tesis de la destrucción de la familia, la propiedad privada y el Estado concebida por del compañero esclavista de Karl Marx, Federico Engels. El controvertido Programa provocó una reacción airada de diferentes sectores de la sociedad brasileña, desde la Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, el sector agropecuario y hasta miembros del propio gobierno, desembocando en una crisis gubernamental interna que empaño las luces del Presidente Lula declarado como el "hombre del año 2009", por los periódicos Le Monde de Francia y El País de España. De hecho, el lanzamiento del Programa en este momento es una señal lanzada por esos grupos radicales dentro del gobierno para imponerlo como hecho consumado en el proceso electoral presidencial en puertas. La maniobra calcula que la popularidad del presidente Lula puede servir a sus propósitos. Es una realidad que las propuestas contenidas en esta nueva intentona han sido cocinadas en los laboratorios sociales de la "mafia de derechos humanos" engendrada en las altas esferas del poder oligárquico; son impulsadas para debilitar las estructuras del Estado nacional soberano a favor de la intervención de un gobierno mundial en los asuntos internos de las naciones. Echar mano de la supuesta defensa de los "derechos humanos" devino en una verdadera Diplomacia imperial cuyos orígenes se remontan al final de la década de los 1970s con la participación de reconocidos centros del poder anglo-americano como la Fundación Ford, del selecto Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York (CFR), y de la Comisión Trilateral creada por la familia Rockefeller. Su ejecución se inauguró en el gobierno de James Carter que además de usar los "derechos humanos" como puntero geopolítico, colocó los cimientos de la era económica de liberalismo desenfrenado. Más tarde, al inicio de la década de los 1980s, el proyecto de "derechos humanos" fue parte central de la creación del Dialogo Interamericano, concebida por la oligarquía angloamericana como una Comisión Trilateral del Hemisferio Occidental. A partir de ese momento fueron creadas una pléyade de ONG internacionales, uniendo a las campañas de los "derechos humanos" a las más diversas causas como el ambientalismo, el indigenismo, el feminismo, el homosexualismo, prosperando con la protección de la ONU y la OEA, como brazos sociales del gobierno mundial.. En Brasil esta mafia de los "derechos humanos" fue auspiciada directamente por el departamento de Estado en el gobierno de Carter, con abierto apoyo al movimiento de oposición al régimen militar, encabezado por las redes de la Teología de Liberación marxista que gravitaban entorno del cardenal Pablo Evaristo Arns. Ahí se originó el DNA de los grupos más radicales del PT y el núcleo de intelectuales de donde proviene el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, niño mimado de la Fundación Ford, miembro fundador del Dialogo Interamericano y responsable durante sus dos periodos presidenciales del primero y segundo programa de derecho humanos en absoluta continuidad con el actual. La estrategia de este núcleo supra partidario ha sido lanzar propuestas extravagantes, negociar la retirada de los puntos más irracionales pero avanzar en el punto de partida. El IIIPNDH vuelve a la carga contra las Fuerzas Armadas instaurando una denominada Comisión de la Verdad, que en el fondo reabre las heridas que la Ley de la Amnistía de 1979 trato de cerrar cuando fue negociada en la transición del gobierno militar al régimen civil actual; defiende la descriminalización del aborto; el casamiento homosexual; la prohibición de símbolos religiosos en edificios públicos, como lo comentó el arzobispo de Río de Janeiro sí esto se aprueba hasta la estatua del Cristo Redentor, símbolo de la ciudad tendría que ser retirada y termina proponiendo una legislación laboral para las prostitutas. También abarca algunas medidas de corte más amplio: suaviza las penalidades en las invasiones de tierra; impone censura previa a la prensa; refuerza los derechos "ambientales", por ejemplo para los sindicatos de trabajadores; adopta iniciativas legislativas directas como plebiscitos, referendos, leyes de iniciativas y veto populares; impone impuestos a las grandes fortunas; reformas a los servicios médicos privados. Y muchas más.En medio de las fiestas navideñas, el gobierno del presidente Luiz Lula da Silva divulgó el III Programa Nacional de Derechos Humanos (IIIPNDH). Un documento tan extenso, como repleto de las propuestas típicas del poder político supranacional que bajo el manto de la defensa de los derechos humanos los manipulan ad hoc como arma para vulnerar los mejores logros de los Estados nacionales soberanos. Aunque se podría afirmar que el Plan, sancionado por el Presidente, es irreal y utópico pues su ejecución demandaría la elaboración de decenas de nuevas leyes por parte del Congreso Nacional - de hecho implicaría una nueva Constitución - que en un año electoral es imposible, lo que resalta es la influencia del grupo de radicales que lo concibió en los sótanos del palacio presidencial de Planalto. El tridente de poder La aceptación de la Diplomacia de los "derechos humanos" iniciada por Fernando Henrique Cardoso y continuada por Lula da Silva, evidencia que aquella integra los axiomas de poder que deben ser respetados para que los salvajes mercados financieros, controlados por una oligarquía, dejen gobernar en relativa paz. Parte de esos axiomas es el mantenimiento de la política monetaria dictada desde el Banco Central siempre dirigido por un hombre confiable para los "mercados", peculiaridad que marca a ambos gobiernos. El tridente se completa con la política ambientalista-indigenista, dónde también se ha mantenido una continuidad asombrosa. De manera que, aunque el grupo del PT que ha mantenido la política del ex presidente FHC en esos tres aspectos ostente un linaje "revolucionario" y por ello abogue por medidas osadas, la realidad es otra diametralmente opuesta. Su rebeldía apenas se limita a tratar de destruir los pilares del Estado nacional, la familia y la nación, minando su naturaleza humanista. Si fueran una fuerza de vanguardia estaría involucrada en la recuperación de la capacidad de respuesta del Estado nacional a los desafíos del sueño de Brasil-potencia industrial y moral, principalmente la política monetaria entregada a las garras de la usura internacional.