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Reseña del libro "El diálogo de las civilizaciones a través del muro de fuego", de Muriel Mirak-Weissbach

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El libro de Muriel Murak-Weissbach se presentó en la Feria internacional del libro de Frankfurt de este año. Su publicación es oportuna, ya que aparece en un momento en el que, por primera vez, se presenta una oportunidad estratégica real para la reconciliación "histórica" de Armenia y Turquía, para la apertura de las fronteras, seguida de la cooperación económica, política y cultural de los dos países. El libro aborda el problema de si los pueblos y las naciones que se han enfrentado en conflictos manipulados geopolíticamente pueden encontrar la verdadera reconciliación y la paz.

El libro presenta tres estudios: comienza con el genocidio armenio de 1915, que la autora, estadounidense de ascendencia armenia, presenta con detalles perturbadores, a partir de los informes escritos por sus padres, quienes fueron sobrevivientes de ese genocidio. El trauma con el que tuvieron que vivir desde 1915 es similar al que muchas familias iraquíes experimentaron en la "Tormenta del desierto" de 1991, (o Primera Guerra del Golfo, perpetrada por George Bush padre en 1991) tema de su segundo estudio.

La autora señala con documentos, los efectos devastadores, genocidas, de la destrucción por la guerra y por el embargo impuesto a la población civil iraquí, en particular a los niños de Irak. En respuesta a esta horrenda situación, la autora presentó en el año de 1991 una iniciativa que se conoció con el nombre de "Comité para salvar a los niños de Irak." Con el respaldo de varias organizaciones no gubernamentales de las Naciones Unidas y con la ayuda de muchos donadores de todo el mundo, narra como fue posible derribar los obstáculos "burocráticos" que habían dispuesto algunos funcionarios estadounidenses así como algunos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y organizar la logística del transporte aéreo y terrestre de medicina y alimentos.

En 1991 y 1992 acompañó varios vuelos de Frankfurt a Irak. Sus informes sobre la situación desoladora de la mayoría de los hospitales que visitó en Bagdad, Kerbala y Najaf fueron conmovedores. Muchas historias de los niños iraquíes era un eco de los niños del genocidio armenio. Muchos niños se salvaron gracias a que el "Comité" logró llevarlos para recibir tratamiento gratuito en hospitales de Alemania y de Estados Unidos.

El tercer estudio se refiere a los palestinos cuya desolada situación de refugiados data de la "Nakba" ("catástrofe" de 1948. La autora, que ha viajado en numerosas ocasiones a Gaza, Amán y otros lugares del Medio Oriente a partir de 1993, hizo entrevistas y recopiló informes de testigos de la generación más vieja de palestinos, de los que sobrevivieron la "Nakba." Emplea también material documental reunido por los "nuevos historiadores" de Israel, entre ellos Ilan Pappe, quien publicó en 2008 su libro "The Ethnic Cleansing of Palestine" (La limpieza étnica de Palestina)

Los tres estudios que presenta el libro se interrelacionan. En cada uno de ellos, los niños fueron las principales víctimas, y el método de operación practicado contra la población civil e infantil fueron muy similares.

La autora señala tres categorías de quiénes planearon y llevaron a cabo las operaciones: los escuadrones de asesinos se organizaron en unidades que se nombraron "Organización especial," cuya tarea fue liquidar a los armenios. Hubo también un "Comité ejecutivo de tres" que dirigía los escuadrones de asesinos y hubo también quien planeo su forma de actuar. Se trataba de tres integrantes destacados de la organización "Joven Turquía," o del Comité para la Unión y el Progreso, Talaat Pasha, Enver Pasha y Djemel Pasha. Inspirados en la idea de crear un imperio pan-turco limpio étnicamente, fueron tolerados por ciertos intereses geopolíticos británicos.

Esos intereses "imperiales," representados por personajes como Cecil Rhodes, Lord Alfred Milner et al., en la víspera de la Primera guerra mundial utilizaron las corrientes pan-islámicas o pan-turcas contra el Imperio otomano; ya en la guerra decidieron que era mejor respaldar la rebelión árabe con el fin de acabar con el Imperio otomano, par evitar una "alianza euroasiática" (entre Rusia, Alemania y Francia) y volver a trazar con ello el mapa de la región entera. Luego de la guerra los mismos intereses se aseguraron de que algunos los dirigentes de la Joven Turquía fueran llevados a juicio y que se les condenara por ejecutar deliberadamente las carnicerías.

La mayoría de ellos fueron encontrados culpables y fueron condenados, pero en ausencia, ya que pudieron escapar de Turquía a tiempo. Posteriormente fueron asesinados en el extranjero por exiliados armenios.

El mensaje del libro: Paz y reconciliación

La cuestión que se subraya en todo el libro es: ¿Cómo se puede alcanzar la paz y la reconciliación? Uno de los precedentes históricos para abordar el conflicto turco-armenio es el presentado en 1648 en el Tratado de Westfalia, dice la autora. Allí los adversarios establecieron la paz siguiendo dos principios fundamentales: "Que todas las partes se comprometan a procurar el beneficio, el honor y las ventajas del otro," y que todas las partes adoptarían "el olvido, la amnistía o el perdón todo lo que se hubiese cometido, es decir, todas las atrocidades cometidas se deben quedar en el pasado."

Aplicar estos nobles principios para superar hoy el conflicto turco-armenio exige el reconocimiento de hechos históricos. En un plan económico concreto, significa abrir de nuevo las fronteras a Armenia (desde agosto pasado se llevan a cabo negociaciones entre Armenia y el gobierno turco, con la mediación de Suiza) par permitir el flujo de mercancías y personas, para el beneficio económico y social de todas las partes. Se han abordado en especial la respectiva modernización de las rutas carreteras y de los ferrocarriles respectivas así como nuevas formas de cooperación en materia de energía.

La cultura promueve la comunicación humana

Los principios del Tratado de Westfalia como una premisa para la Paz son de suma importancia, pero no son suficientes. La autora subraya que es necesario un fondo moral en el que se pueda construir la paz y esto sólo es posible con el diálogo cultural. El director y pianista israelí Daniel Barenboim y su finado amigo palestino Edward Said, "han demostrado en principio cómo las actitudes morales de los israelíes y palestinos en lo individual se pueden alterar radicalmente con el poder de la gran música," en su trabajo con la orquesta West-Eastern Divan, que fundaron hace diez años (1999), formada con músicos israelíes y árabes jóvenes. Barenboim y Said pudieron darse cuenta de que los obstáculos para la colaboración entre los jóvenes músicos israelíes y judíos se encontraban en la ignorancia y en los prejuicios que se tenían unos a otros. Baremboim informó del ejemplo de un joven sirio que nunca había tratado a un israelí y que pensaba que un israelí solo podía representar un ejemplo negativo de lo que podría sucederle a su país y de lo que podría sucederle al mundo árabe.

Esto cambió. "Este mismo muchacho, un violonchelista sirio, dijo Barenboim, se encontró compartiendo el atril con un violonchelista israelí. Trataron de tocar la misma nota, de tocar la misma dinámica, con el mismo golpe de arco, con el mismo sonido, con la misma expresión. Ambos trataron de hacer algo junto, algo que a ambos les interesaba, algo que los motivaba a ambos. Así pues, una vez que lograron esa nota pudieron verse uno al otro de la misma forma, porque compartían una experiencia común. Esto fue para mí lo importante del encuentro." (…) Cuando se hace música, cuando se forma parte de una orquesta de cámara o de una orquesta grande, se deben realizar dos grandes actividades simultáneamente: una es expresarse a sí mismo -pues de no hacerlo en nada se contribuiría a la experiencia musical-, pero también hay que escuchar al otro."

"(…) Este es el carácter de diálogo inherente a la música por el que fundamos la orquesta," dijo Barenboim, y resumió su experiencia como director de una orquesta palestino-israelí: "Las anécdotas de israelíes y palestinos, su constante reafirmación y su nueva presentación guardan la misma relación que un motivo y contramotivo de una fuga, están vinculados uno al otro y son independientes mutuamente. Sin el contramotivo no habría fuga. El motivo no tiene mayor significado que el contramotivo, pues la existencia de uno sin la presencia del otro no tiene significado. Cuando los israelíes y los palestinos reconozcan los paralelos entre su propio diálogo y la estructura de una fuga, comprenderán qué tan urgentemente necesario es convivir."

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