¿QUÉ ESPERA EL PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI DE LOS HISPANOS?
“No tengáis miedo”, les decía el finado papa Juan Pablo II a los jóvenes reunidos en Colonia, Alemania en agosto de 2005, exhortándolos a desatar una “revolución del amor” reconociendo que Cristo no quita nada de lo que es “auténticamente bueno verdadero y bello para las naciones”. Este es el ánimo que el autor de las originales tesis que nos ocupan le transfiere a América Latina y a los emigrantes de origen hispano que viven en los Estados Unidos, llamados a ser protagonistas en la construcción de un “nuevo orden internacional en que se vislumbre el horizonte de una familia humana”.
Desde esta parte de un planeta convulsionado por la violencia, iniquidad, miseria creciente, plaga interminable de usura y una globalización amenazante a la vida, se nos presenta lo que puede ser una realidad diferente para convertir la adversidad en un gran momento de la historia humana; nuestra principal arma es un bagaje cultural concreto que el continente heredó de la evangelización, la que a pesar de sus imperfecciones y discontinuidad ,culminó en un mestizaje único donde los valores occidentales se han cultivado de manera particular y permanecen latentes en la vida de nuestras naciones..
El autor, Guzmán M. Carriquiry Lecour, no es un intelectual ajeno a la historia del continente. Nació en Montevideo, Uruguay, y actualmente se desempeña como jefe del Departamento de los Laicos de
Las grandes emigraciones, por razones de varias índoles, son de los acontecimientos que marcarán el futuro del siglo XXI. Una de las de mayor alcance es, sin duda, la emigración hispana hacia los Estados Unidos, específicamente la de origen mexicano, que no comenzó en años recientes, pero, que, sin embargo, su dinamismo hoy ocupa un lugar preponderante y todavía controvertido en la vida política de la nación americana, por el trato excluyente que reciben sus integrantes, caracterizado en leyes y costumbres discriminatorias. A estas alturas, ésta como las otras migraciones no pueden ser reducidas únicamente a un hecho económico aunque de ahí se originaron, y claman justicia, sino que su permanencia en la vida de los Estados Unidos, o de Europa, ya generó un impacto cultural en dos sentidos, una esfera que no debe ni puede ser ignorada.
“…la sociedad que es guía de los paradigmas de la modernización, primera potencia mundial, centro hegemónico del que algunos, desde la derecha y la izquierda entre los mismos pensadores norteamericanos, llaman ya imperio mundial y hemisférico (…) En la profunda e imprevisible realineación cultural que vivirá esta nación en las próximas décadas –y en la que está en juego su futuro-, que no será nueva síntesis planificada sino fruto de factores, empeños y procesos muy complejos, la presencia providencial de los hispanos tendrá una importancia de primer plano” afirma convencido el autor, que después aporta las cifras de lo que ya se da en llamar la “hispanización” de los Estados Unidos.
Asimilarse, o trazar nuevos horizontes
Primero algunas cifras reveladoras. La población hispana asciende actualmente a 42,7 millones de personas, de los cuales 26 son de origen mexicano, quienes representan el 14,4% de la población total que es de 296,4 millones. Las proyecciones apuntan a que en 2025 podrán ser 66 millones. Por eso los demógrafos estiman que en 2050 un cuarto o un tercio de los americanos serán de origen hispano. La población hispana también crece por la alta tasa de fecundidad, en contraste con el “invierno” demográfico por el que pasa el Coloso del Norte.
En la vida práctica se traslucen las peculiaridades de la cultura hispana que escapa a esquemas preestablecidos en búsqueda de una nueva síntesis, por ejemplo la paralizante denominación política de izquierda o derecha, en la vida partidaria americana no funciona. Así el autor anota que, los “hispanos no pueden ser encuadrados fácilmente entre los clientes electorales de los dos grandes partidos, ya que tienden a sentirse mas inclinados a los demócratas por las reivindicaciones sociales y más cercanos a los republicanos por sensibilidades ético-religiosas”.
Y es que, “si no fuera por esa fuerte identidad cultural marcada por su sustrato y su tradición católica la población hispana estaría destinada a la gradual, pura y simple asimilación dentro de lo que funciona todavía como melting pot. En efecto 72% de los hispanos se confiesa católico. Esta población es la fuente principal del crecimiento voluminosos y consistente del catolicismo norteamericano, primera denominación del país, con 22,9% de la población total”.
Tal realidad acontece en un ambiente en que el sentir católico de los hispanos, es considerado una amenaza entre influyentes ambientes político-culturales y financieros del Establishment que berrean porque aquellos no se han plegado al “credo americano”, identificado con la ética protestante, también entendida como una religión civil americana. La figura de mayor relieve en la historia por la posición que ocupó fue el presidente “Mr. Gran Garrote”, Theodore Roosevelt –continuador de una tradición arraigada- quien lamentándose decía, “mientras los países hispanoamericanos sean católicos su absorción por Estados Unidos será larga y difícil”.
Su continuador moderno es Samuel Huntington, el embaucador de
Sobre esta obra, el autor nos dice, “lo que más preocupa a Huntington es el arraigo católico que es vértebra de todo (…) es bien consciente de que la gran excepción a su definición de identidad americana es
“Desde sus primeros pasos como nación y más aún a partir de su expansión hacia el Sur, abundan en Estados Unidos quienes afirman que sólo la necesaria protestantización de los pueblos latinoamericanos de tradición católica sería para ellos puerta y acceso a la posibilidad de democracia, progreso civil y prosperidad económica”.
No obstante, Carriquiry presenta varias facetas de la compleja cultura norteamericana, donde los hispanos no pueden relegarse a una penosa segregación, ni tampoco aceptar la invitación para compartir lo que él con precisión denomina una especie de “politeísmo cultural”, que corroe a una sociedad consumista con valores morales ambivalentes, ora religiosa, ora vil materialista y secularista. Por desgracia estos también han penetrado la vida de
Por otro lado, el autor destaca también los varios intentos realizados para buscar la compatibilidad entre la cultura en general apegada al catolicismo y los valores históricos americanos. Evidentemente, tal como el papa Juan Pablo II lo enfatizó en su gira por los Estados Unidos en agosto de 1993, tanto
Dentro de ese encuentro de concepciones afines entre la visión cristiana y la historia de los Estados Unidos, el autor cita ejemplos y personalidades algunos de ellos desde el ángulo económico como el nada gratificante neoliberal Michael Novack. En contraposición al librecambismo, las tesis de Carriquiry serían completas si se lograran compaginar con las ideas económicas sui generis que dieron origen al capitalismo industrial americano, basado en un amplio proteccionismo, y en un sistema de crédito soberano.
En este sentido, de nuestra parte, nos gustaría llamar la atención sobre el trabajo del padre Raymond Bruckberger quien llegó a ser un admirador de los albores proteccionistas del desarrollo industrial de los EU. En su libro
El autor planta un desafío que se hace extensivo a Iberoamérica, a manera de conclusión nos dice: “La tradición católica de la que los hispanos son también portadores, puede salvar la deriva de la auténtica libertad en un liberalismo sin frenos, sin fundamentos ni horizontes, así como la auténtica democracia de los pantanos de un relativismo moral y político que la incapacita para orientarse hacia el bien común”.



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