¿Malthus regresa?
La crisis mundial de alimentos, motivada por la estratosférica escalada de precios a lo largo del último año, ha proporcionado el pretexto para la reintroducción del desacreditado fantasma del maltusianismo en el primer plano de la política internacional. Con el telón de fondo del alza del precio del petróleo en las discusiones sobre el calentamiento global que antecedieron a la cumbre del G-8 en Hokkaido, Japón, los seguidores de Thomas Malthus intentan aprovechar todas las oportunidades para tratar de "rehabilitar" las vetustas ideas del Profesor de Economía Política de la Escuela de Haileybury, famoso centro de entrenamiento de los altos funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales de Gran Bretaña.
Un ejemplar caso de maltusianismo agudo lo representa el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, quien se ha empeñado activamente en pro de la consolidación de la pretendida agenda de reducción global del consumo de combustibles fósiles en las próximas décadas, igualmente endosada por el G-8. En un artículo publicado el 3 de julio en el Washington Post y otros periódicos (Acción global para salvar el crecimiento global), el secretario da una muestra representativa de semejantes argumentos.
El texto inicia con la clásica media verdad: "El crecimiento global es el leitmotif de nuestra era. La gran expansión económica que se encuentra en su quinta década ha elevado los niveles de vida en todo el mundo y sacado a miles de millones de personas de la pobreza". En seguida, el secretario se descara:
"En cuanto a esto, los cambios climáticos y la degradación ambiental amenazan el futuro de nuestro planeta. El crecimiento poblacional y el aumento de las riquezas implican un nivel de tensión sin precedentes sobre los recursos de la Tierra. Malthus está nuevamente en boga. De repente, todo parece escasear: energía, aire limpio y agua potable, todo lo que nos alimenta y en que se basa nuestros medios de vida".
Ahora, como era de esperarse, los problemas alimenticios, energéticos y de contaminación atmosférica e hídrica nada tienen que ver con el desfase entre población y recursos pregonado por Malthus, sino, en gran medida, con la aplicación extrema de las políticas económicas ultraliberales enseñadas por él en Haileybury y que, metarmofoseadas en el torbellino del pensamiento económico, justificaron la "globalización" financiera en las últimas décadas.
En otra parte del artículo, Ban Ki-moon hace explícita la agenda maltusiano-ambientalista:
"Con los cambios climáticos, de la misma manera, el desarrollo sustentable se destaca grandemente en la solución. La mayoría de los especialistas concuerdan en que nos estamos aproximando al fin de la energía barata. Las tecnologías alternativas están entre nuestras mejores esperanzas para obtener energía más limpia y accesible. Aquí, también, está en marcha una 'revolución verde'…Nuestra tarea, como líderes nacionales e internacionales, es apoyar la dirección y la aceleración de esta naciente transformación económica. Necesitamos cambiar el comportamiento social y los padrones de consumo en todo el mundo desarrollado. Y debemos ayudar a los países en desarrollo a 'reverdecer' lo más ampliamente posible sus economías, con la propagación de tecnologías amigables al clima".
Aunque no se mencione, las "tecnologías alternativas" a las que el secretario se refiere son las favoritas de los ambientalistas -solar, eólica, geotérmica, biomasa y otras fuentes de poca densidad de flujo energético, mucho muy adecuadas para abastecimientos locales pero no para grandes concentraciones urbanas e industriales. Además, aunque incluyan la generación hidroeléctrica entre las fuentes "limpias", no explican las potenciales consecuencias de sus propuestas, toda vez que tres cuartas partes de la energía primaria y dos tercios de la electricidad hoy consumidas en el planeta dependen del carbón, petróleo y gas natural (solamente cerca del 2% de la electricidad es generada por tales fuentes "alternativas"). No es difícil constatar que, salvo por alguna revolución tecnológica (como el dominio de la fusión nuclear), será virtualmente imposible ampliar considerablemente la oferta de energía a todo el sector en desarrollo con el recurso de las "alternativas" defendido por el secretario y los que piensan como el.
Curiosamente, parece que el maltusianismo comienza a perder fuerza en el país y entre los círculos del país donde se originó. Un editorial de la revista The Economist del 9 de junio (Pensamiento animadores sobre población) sugiere que algunos estamentos del Establishment británico pudiesen estar repensando algunos de los cánones que han orientado sus políticas en los últimos siglos. El texto admite que:
"Virtualmente, por cada artículo de orientación verde publicado en The Economist, se puede esperar que inspire por los menos una carta argumentando que la causa básica de los varios problemas ambientales del mundo es que, simplemente, no hay lugar para los seis mil setecientos millones de personas que viven en el. El alza reciente de los precios de los alimentos, que ocasionó protestas en Italia y motines en Haití, volvió a llamar la atención del asunto. El 3 de junio, cuando Ban Ki-moon dijo en la cumbre alimenticia en Roma que la producción agrícola global tendría que aumentar 50% hacia 2030, muchos verdes consideraron privadamente si esto era posible.
"Las preocupaciones con la población se remontan a Thomas Malthus…Las ideas de Malthus, innovadoras cuando fueron publicadas (hacia finales del siglo XVIII) todavía son seductoras hoy en día a causa de su simplicidad. El concepto de 'capacidad de soporte', la población que un habitat dado puede aguantar, es uno de los fundamentos de la ciencia de la ecología (….)"
Para los editorialistas, lo que los maltusianos no toman en cuenta es:
"el desarrollo tecnológico -específicamente, la combinación de pesticidas, mejor irrigación y nuevas cepas de cultivos que constituyen la llamada 'Revolución Verde'. La tecnología ha ampliado bastamente la productividad agrícola, permitiendo que la producción de alimentos mantenga el paso con la inusitada explosión de la población global del siglo XX. Hoy, nuevos avances, como la ingeniería genética y los cultivos hidropónicos, prometen impulsos adicionales".
El parágrafo final da una pista sobre un posible motivo de tal orientación ideológica entre los círculos de las elites dirigentes del Reino Unido:
"(…) Lo mejor de todo es que el factor que parece correlacionarse más vigorosamente con la fertilidad decreciente es el desarrollo económico y, especialmente, la educación de las mujeres. De hecho, en tanto los ambientalistas se preocupan con una población creciente, financieros y políticos en Occidente se preocupan por las que están disminuyendo. Si el crecimiento y el desarrollo globales continuasen, las preocupaciones con la sobrepoblación podrían venir a ser, en retrospectiva, un fenómeno singular del siglo XX".
De hecho, considerando que todos los países industrializados avanzados tienen hoy índices de fertilidad femenina por debajo de la tasa de reposición de la población, el envejecimiento de sus poblaciones es un hecho registrado, y con las consecuentes preocupaciones acerca de la inevitable no viabilidad de los sistemas de seguridad social y hasta el mismo encogimiento de los mercados. ¿Quién sabe?, tales consideraciones por lo menos están generado que algunos de aquellos veteranos candidatos a la hegemonía global estén repensando antiguas convicciones.



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