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Se derrumban las fantasías neoconservadoras para el Cáucaso

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image El fulminante contraataque ruso frustró los planes de Tifilis y sus aliados (China Daily)

El conflicto en el Cáucaso maquinado por los neoconservadores de Estados Unidos, hundidos ahora en el declive de su poderío, empleando regímenes títeres surgidos de las revoluciones coloridas desatadas en la que se ha dado en llamar la "nueva Europa", fue pensado para neutralizar a la Federación Rusa en su propia periferia atajando el libre acceso a los recursos energéticos del Cáucaso y de Asia Central; pero también con el propósito, quizá el central, de meter una cuña entre Rusia y la alianza potencial de cooperación euroasiática, especialmente con Alemania, Francia e Italia para la explotación y el uso de esos enormes recursos energéticos de la región.

Los neoconservadores actúan, a lo sumo, como una bestia condicionada genéticamente por la vieja geopolítica británica, responsable de dos guerras mundiales, y buscan con desesperación crear la impresión de un conflicto a escala mundial con el fin de perpetuarse en el poder en unos Estados Unidos desencantados de la era de Bush. Para comprender cabalmente lo que sucede en la mente neoconservadora debemos señalar que sus actos en el Cáucaso no pasan de ser un pésimo remedo de lo que fueron las manipulaciones británicas de la post guerra para imponer la Guerra Fría y la subsiguiente perpetuación del decadente sistema colonial europeo, con dos brazos, uno oriental y el otro occidental.
Pero esta estrategia recibió durísimo golpe, que para algunos es la puntilla para la hegemonía estadounidense (o anglo-americana), porque Rusia con Vladimir Putin y Dimitri Medvedev respondió con la delimitación de los asuntos estratégicos vitales en los que no admitirá ninguna intromisión de Washington.

Al mismo tiempo que enviaba un mensaje contundente a los belicistas neoconservadores, aceptó inmediatamente las negociaciones con el Presidente francés, Nicolás Sarkosí, presidente también de la Unión Europea, y dejó para Washington el papel lastimoso de repetir amenazas vacías junto con las negativas nerviosas sobre su participación en la decisión del presidente georgiano Mijail Saakashvili de atacar militarmente a Osetia del Sur.

Luego, en una misión típica de salvar el honor, Washington envió a su secretaria de Estado, Condoleezza Rice por segunda vez a Tifilis en menos de un mes, para reiterar el compromiso del gobierno de George W. Bush con la flamante democracia y la integridad territorial de Georgia. Washington, desplazado de las negociaciones directas entre Europa continental y Rusia, lucha tras los bastidores para desmoralizar estas negociaciones.

Eric Margolis, periodistas estadounidense, comentó el pasado 18 de agosto que es poco creíble que Sakashvili haya adoptado tal actitud sin una "luz verde" de sus aliados. Margolis, radicado en Toronto, Canadá, es uno de los que mejor conocen las maquinaciones estratégico-militares de Washington (Su análisis se titula, "Crisis en el Cáucaso: ¿Qué estaban fumando en la Casa Blanca?") afirma:

"Si no estaba directamente tras de la invasión georgiana de Osetia del Sur, Washington al menos tenía que conocer los planes de Saakashvili. El ejército georgiano fue entrenado por Estados Unidos y hay instructores militares israelíes en sus tropas inclusive para combate. La CIA estadounidense y el Mossad israelí operaban estaciones de espionaje muy importantes de Tbilisi y coordinaba los planes con Saakashvili, cuyos opositores políticos desde hace mucho tiempo lo han acusado de tener lazos muy fuertes con la CIA y el Pentágono.

"El ataque georgiano a Osetia del Sur se desencadenó cuando el mundo estaba absorto en los Juegos Olímpicos de la capital china, Pequín. El ataque fue planeado claramente como un golpe relámpago que ocuparía toda Osetia del Sur y, en seguida, Abjasia, antes de que Moscú pudiera reaccionar, para presentar al Kremlin un hecho consumado. ¿Quién en el gabinete de Bush o Cheney, aprobó esta aventura estúpida? ¿Por qué los siempre expertos israelíes se metieron en este embrollo?"

Sea como fuera, también parece evidente que los planeadores de la "aventura estúpida" y los que, al final de cuentas, la respaldaron no contaban con la fulminante reacción rusa, que rechazó la embestida georgiana en menos de 24 horas, con la movilización de fuerzas terrestres, aéreas y navales. De la misma forma, resulta evidente que dichas fuerzas estaban ya aguardando la embestida georgiana y, si la inteligencia militar rusa (GRU) estaba al tanto de los planes georgianos, es imposible que sus contrapartes estadounidenses e israelíes no lo estuviesen.

Para aumentar más todavía el malestar de los "halcones" de Washington, Estados Unidos se vio aislado en la reunión de emergencia de los Cancilleres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), convocada por aquel país para proponer que las alianza atlántica suspendiera las reuniones ministeriales semestrales con Rusia, como protesta por la "reacción desproporcionada" de Moscú a la invasión de Osetia del Sur. Para mayor desconcierto de la secretaria Rice, el mismo secretario de Relaciones Exteriores británico, David Miliband, se colocó contra la propuesta, pues, dijo, Occidente necesita "diálogo" y un "compromiso directo" con el antiguo adversario de la guerra fría (Bloomberg, 19/08/2008).

En Bruselas, el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, dio el tono del cuidado con el que la "vieja Europa" está tratando el problema, al convocar a Rusia a "retirarse, por lo menos, del núcleo de Georgia" -sin aclarar si Osetia del Sur y Abjasia estarían incluidas en ese núcleo.

Ante tantos reveses, el belicismo atávico de los círculos estadounidenses se manifestó con la aprobación apresurada del acuerdo con el gobierno de Polonia para la instalación de un sistema de proyectiles contra proyectiles balísticos, el cual es para el Kremlin, apropiadamente, una amenaza estratégica directa contra la Federación Rusa. Decisión esta que inclusive un comentarista del tradicional Times de Londres, Richard Beeston, califico de "catástrofe anticipada" (16/08/2008). Para él, el conflicto de Georgia "amenaza con desencadenar una lucha, que de manejarse de forma incorrecta, podría consumir un continente entero."

Por otro lado, el fiasco georgiano fue resaltado con más de una prueba de la aparición de un nuevo mundo multipolar nada menos que por el Presidente de Turquía, Abdullah Gül. En su primera entrevista con la prensa extranjera, Gül dijo al periódico The Guardian (16/08/2008) que el estallido del conflicto muestra que Estados Unidos ya no pueden dar forma a la política mundial a su voluntad, por lo que debiera comenzar a admitir que tiene que compartir el poder con otros países:

No creo que se pueda dominar el mundo desde un centro único. Existen grandes naciones. Existen grandes poblaciones. Existe un desarrollo económico increíble en algunas partes del mundo. Entonces, lo que tenemos que hacer, en lugar de medidas unilaterales, es actuar todos juntos, tomar decisiones conjuntas y promover consultas con el mundo. Debe emerger un nuevo orden mundial, si se le puede llamar así.

En esta misma línea, el célebre periodista conservador estadounidense Patrick J. Buchanan recalca en el sitio WorldNetDaily (19/08/2008) simultáneamente los límites del poder estadounidense y los intereses legítimos de la Federación Rusa:

"La guerra en Georgia expone la peligrosa superextensión del poderío de Estados Unidos… Estados Unidos debe decidir si quieren de socio a una Rusia con defectos o la segunda Guerra Fría. Porque, si queremos otra guerra fría, al separar a Rusia del petróleo del Caspio y promoviendo a la OTAN en su cara, estamos exactamente en el camino correcto.

"Vladimir Putin no es Stalin. Es un nacionalista determinado, como líder de un país orgulloso y poderoso, a asegurar la primacía de su nación en si propia esfera, así como los presidentes estadounidenses de James Monroe a Bush lo han hecho de nuestro lado del Atlántico.

"Una Rusia que resurge no es una amenaza para ninguno de los intereses vitales de Estados Unidos. Es una amenaza para un Imperio Estadounidense que se supone poseedor del derecho divino de imponer el poderío militar estadounidense en el territorio o en la puerta de enfrente de la Madre-Rusia".

En Osetia del Sur la actitud firme del Kremlin neutralizó la que puede ser una de las últimas tramoyas de los belicistas del gobierno de Bush para darle un poco de vida a un impulso hegemónico militarista que ya fracasó en Afganistán y en Irak. Como sugiriera Buchanan, le corresponderá al siguiente inquilino de la Casa Blanca decidir si tener a Putin y a sus aliados como socios en la reordenación del orden del poder mundial -y allí la reconstrucción del orden económico y financiero- o arrastrarlo a una nueva conflagración suicida. Rusia, Europa Occidental y el mundo esperan que se retome la iniciativa de Franklin Delano Roosevelt para la reconstrucción del orden mundial.

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