Estados Unidos se sumerge en la depresión y ahondan la crisis sistémica
A pesar de la euforia provocada en los mercados financieros por el alza de las bolsas de valores y por la divulgación del crecimiento nominal de 2,2 por ciento de la economía de Estados Unidos en el último trimestre de 2009, los indicadores de la realidad demuestran que la economía más grande del mundo se encamina a una depresión de repercusiones terribles para el resto del planeta. Para empezar, la mayor parte de ese 2,2 por ciento proviene del sector financiero, como resultado de los enormes programas de rescate otorgados por el gobierno. En contraste, en los primeros días del año, se informó que se perdieron 85.000 puestos de trabajo en diciembre, con lo que el índice oficial de desempleo se elevó casi al 10 por ciento. Los números reales, sin embargo, son mucho mayores, pues si se suman a los desempleados los que ocupan empleos de horarios reducidos y los que dejaron de buscar empleo, el índice salta a 22 por ciento, panorama idéntico a los años de la Gran Depresión de los años treintas.
El cuadro se empeora al revisar otros indicadores económicos. Uno de los más importantes, la utilización de la capacidad productiva de la industria, se encuentra en una caída histórica: está funcionando apenas a 67,2 por ciento de su capacidad, es decir que casi tiene un tercio en la ociosidad. Los mismo sucede con las intenciones de compra de automóviles, que reflejan la salud de la industria automovilística (no por causalidad China acaba de superar a Estados Unidos como principal mercado automovilístico).
Para complicar más las cosas, la crisis social generada por el estallido de la burbuja inmobiliaria tiende a agravarse con el espeluznante aumento de los incumplimientos y de las ejecuciones de las hipotecas por las entidades financieras. En su columna del 10 de enero en el Daily Telegraph (Estados Unidos se deslizan a los más profundo de la depresión, mientras que Wall Street se regocija), el comentarista sangre azul Ambrose Evans-Pritchard pinta un cuadro sombrío:
"(…) Desde febrero, los incumplimientos y las retomadas (de inmuebles) están por encima de los 300 mil al mes. Un millón de familias estadounidenses perdieron sus hogares en el cuarto trimestre (de 2009). El sitio Economy.com de Moody's espera otros 2,4 millones este año. Todo esto se parece estremecedoramente al escenario de Las viñas de la ira, de (John) Steinbeck, la obra clásica de la gran depresión que hizo merecer a éste el premio Pulitzer de 1940.
"Los jueces están encontrando formas de evitar el despojo. Un magistrado de Minnesota suspendió un proceso y acusó al acreedor de "duro, repugnante, chocante y repulsivo." No estamos lejos de una moratoria de hecho en algunos sectores. Esa conducta está justificada enteramente, dada la escala de la crisis social. Pero ella esconde, también, el deterioro continuo del mercado inmobiliario, que permite a los acreedores ocultar sus pérdidas y almacena un exceso todavía mayor de propiedades no vendidas… El terreno está listo para el estallido de las siguiente bomba hipotecaria, los 134 mil millones de dólares de contratos de "opciones" de hipotecas de tasas ajustables (ARM)," que se irán por las nubes este año y principios del siguiente."
Un número creciente de analistas advierte que no será fácil mantener la dinámica especulativa que está en la raíz de la crisis sistémica, y que se funda en transacciones con títulos de las deudas gubernamentales. Tanto en el caso de Estados Unidos como del Reino Unido, los dos centros del sistema financiero estructurado en torno del endeudamiento privado controlado por bancos centrales "independientes," los inversionistas internacionales sencillamente están huyendo de los "teasuries" y de los "gilts", como se conocen los títulos de los dos países. Primco, la principal corredora de esos títulos, está advirtiendo desde diciembre a sus clientes contra las inversiones en ambos títulos. Y, como una espada de Damocles pendiente sobre los mercados de los títulos, está la hasta hace poco impensable amenaza de las agencias calificadoras de reducir las clasificaciones de los títulos estadounidenses y británicos, que, aunque sea difícil políticamente, no es imposible en los tiempos que corren.
La advertencia más reciente provino de Fitch, quien afirmó que Estados Unidos podría perder su gran AAA si Washington no toma medidas para hacer frente al déficit presupuestal y a su dependencia de los prestamistas extranjeros. Según el jefe de evaluaciones soberanas de la Agencia, Brian Coulton, el país había estado blindado hasta ahora por su posición de eje de las finanzas mundiales y por la condición del dólar como principal moneda de reserva mundial, pero el cuadro se está deteriorando rápidamente lo suficiente para hacer sonar las alarmas (Daily Telegraph, 12/01/2010).
Es irónico y emblemático que China, por otro lado, haya superado por fin a Alemania como mayor potencia exportadora del mundo, ya que el país asiático es el otro polo del sistema entrópico y desestabilizador que emergió con la "globalización financiera." Dicho sistema se funda en el reciclaje de dólares sin peso económico real y de productos asiáticos manufacturados, cuyos costos reducidos los ofrecen los salarios bajos que están aplastando la capacidad adquisitiva de las clases medias y aumentado las desigualdades sociales en todo el mundo -empezando por la misma China.
Un reconocimiento sorprendentemente honesto de la gravedad de la situación provino de John Kay, columnista del Financial Times, quien advirtió con propiedad en su columna del 5 de enero que "la causa de nuestras crisis todavía está presente.":
"No sé cual será el epicentro de la siguiente crisis… Sé que, a menos que la naturaleza humana mude o haya un cambio fundamental en la estructura de la industria de servicios financieros -igualmente improbable-, habrá nuevamente otra manifestación basada en extrapolaciones ingenuas y en el pensamiento mágico colectivo. La crisis reciente cobró al máximo… los recursos de los gobiernos mundiales y de sus ciudadanos. Aunque hubiese voluntad para responder a la siguiente crisis, la capacidad para hacerlo podría no estar presente (…).
"Cometimos un error en las últimas décadas del siglo XX. Retiramos las restricciones que imponían una separación funcional a las instituciones financieras (entre bancos comerciales y de inversiones). Esto condujo a negocios repletos de conflictos de intereses y culturales, dominados por grupos beligerantes de sus propios altos funcionarios. La escala de recursos en manos de tales negocios les permitió obtener influencia suficiente para crear un círculo virtuoso -para ellos- de poder económico y político creciente. Este error no se corregirá fácilmente, y es por ello que veo la nueva década con gran temor. En nombre de los mercados libres, creamos un monstruo que amenaza con destruir los mismos mercados libres que exaltamos."



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