¿Pañuelos blancos de adiós a la hegemonía? ¿De veras?
El 28 de enero, el presidente George W. Bush pronunció su último Informe a la Nación. Hubo poco interés de la prensa y en general se concentró en las observaciones sobre la economía de los Estados Unidos que se dirige a "un periodo de incertidumbre" -la declaración principal de este año.
El día anterior, el 27 de enero, el New York Times publicó un artículo muy largo titulado "Pañuelos blancos de adiós a la hegemonía," de Parag Janna, nacido en la India y con una experiencia en ciencias políticas de más de 30 años. Janna es una estrella de las instituciones de investigación estratégica geopolítica como el Brokings Institution y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR). Janna es actualmente investigador decano de la New America Foundation de la capital estadounidense, la que, al parecer le ha pagado sus viajes a unos 40 países. No es ningún secreto que la New America, la Brookings Institution y el CFR son las instituciones por excelencia del Estáblishment. Así que lo que escribe Janna no son tan sólo las ideas fuera de lo común de un joven politólogo.
Las ideas presentadas por Janna se pueden agrupar así:
1.-Los deseos de los Estados Unidos de imponer un mundo unipolar luego del derrumbe de la Unión Soviética han fracasado.
2.-El mundo esta dominado ahora por tres "súper potencias": Los Estados Unidos, China y la Unión Europea.
3.-El peso relativo de las tres "súper potencias" lo determinan sus relaciones con los estados del "segundo mundo" que están adquiriendo fuerza económica y política, en Asia por lo general y en menor medida en Asia Central, la región árabe musulmana de Asia Occidental y América Latina.
4.-Las relaciones exteriores estadounidenses se tienen que adaptar la las nuevas realidades geopolíticas para no dejar de ser una de las tres "súper potencias", con la posibilidad de recuperar el primer lugar.
Estas, que parecen ideas interesantes, no son otra cosa que indicios del rompimiento con el dogma del liderato mundial, encarnado en el así denominado Excepcionalismo Americano, con el que están comprometidas las facciones neoconservadoras-imperiales y liberal-realistas del Estáblishment estadounidense. No obstante, como veremos, Janna no se desvía en realidad ni un ápice del Excepcionalismo Americano, a pesar de lo que pudiera indicar su artículo. Que su expresión "mercado geopolítico" se corresponda a la realidad es otro problema.
"Fracaso del mercado geopolítico"
La primera tesis de Janna es la menos complicada. El deseo de los Estados Unidos de imponer la hegemonía mundial unipolar ha fracasado. Reconoce que dicho "orden" ni siquiera existía en los años noventas, aunque no entra en los detalles. Si lo hubiera hecho se habría evitado algunas conclusiones embarazosas.
En los años noventas existía la apariencia de la hegemonía mundial de los Estados Unidos, y casi todo el mundo lo creyó así. La verdad era que los cimientos de la hegemonía de los Estados Unidos eran la prensa, la información y las "industrias" financieras junto con el gigantesco sistema militar. De ellos, sólo la técnica de la información mostró algo de solidez. El sector financiero y la economía real de los Estados Unidos se encuentran hoy en un estado desastroso. La fortaleza comercial y la irradiación ideológica del poderío de la "industria" de la prensa estadounidense declinan. El poderío militar de los Estados Unidos ha sufrido desafíos asimétricos ya desde los años noventas. La forma en la que se libró la guerra de Irak desde 2003 a la fecha es la cruel ilustración de esta afirmación.
Janna reconoce correctamente que la "globalidad" no es precisamente lo que los expertos en economía y geopolítica han proclamado: una conformidad abrumadora con el "modelo americano." Todo lo contrario, la globalidad ha conducido a la diversificación y a la multipolaridad -económica y política. Lejos de consolidar la hegemonía estadounidense sobre Estados más débiles en lo económico y más dependientes en lo político, la globalidad empujada por los Estados Unidos, se dirigió contra su creador. La hegemonía se ha enfrentado a una competencia creciente en lo económico y lo político de parte de un número creciente de nuevos centros políticos y económicos. El "desensamblado" de la base industrial-tecnológica de los Estados Unidos y del optimismo militar-tecnológico, que suponía que esta fortaleza militar aplastaría cualquier resistencia, fueron factores determinantes de esta dinámica.
Janna, entonces, tiene la razón cuando escribe:" La distribución del poder en el mundo se alteró en los dos periodos presidenciales de George W. Bush; por su política y, más significativamente, a pesar de ella… el momentum unipolar de los Estados Unidos inspiró movimientos de respuesta para obstaculizar la embestida estadounidense y para construir un orden mundial opcional… La globalidad no es sinónimo de americanización; la verdad es que no hay nada que haya causado una erosión mayor de la primacía estadounidense que la globalidad".
Su conclusión es que: "Lo que tenemos hoy, por primera vez en la historia, es una batalla multipolar librada por muchas civilizaciones." Así es, el mundo ya es multipolar, pero el camino a un orden mundial multipolar es muy largo. Y uno se pudiera preguntar si la elección de las palabras de Janna, "batalla," por ejemplo, no tiene una connotación específica.
Los tres grandes
La segunda tesis de Janna de que los actores más importantes en la actualidad en el "mercado geopolítico" son tres "súper potencias," Estados Unidos, China y la Unión Europea, es muy dudosa. No ofrece criterios claros para considerar a esos "tres grandes" de forma tan categórica por encima de los demás: ¿Los Estados Unidos no están en una crisis existencial? ¿La Unión Europea es de veras una superpotencia? ¿China no tiene problema internos enormes?
Para Janna, Rusia no entra definitivamente al grupo. Para él Rusia es tan sólo una "extensión cada vez más despoblada que gobierna Gazprom.gob." Uno se podría preguntar aquí: Alguna vez en los años noventas se declaró "acabada" a Rusia. El certificado de defunción, no obstante, se emitió con cierta premura, pues el renacimiento de Rusia en la década pasada ha demostrado lo que Janna no quiere reconocer: "En las décadas siguientes, lejos de restaurar el poderío de la era soviética, Rusia tendrá que decidir si quiere sobrevivir pacíficamente como un activo de Europa o convertirse en un petro-vasallo de China."
Las opciones -combinadas en ocasiones y siempre paranoides y arrogantes- para subestimar a Rusia no son ajenas al Establishment de la política exterior estadounidense. Y Janna no parece ser la excepción.
La Organización de Cooperación de Shangai (SCO) se considera un instrumento de China para consolidar el dominio geopolítico sobre los Estados de Asia Central ricos en materias primas. Se supone que China ha ocupado el lugar de "patrón" geopolítico que antes ostentaba Rusia en las repúblicas del Asia Central de la antigua Unión Soviética, a las que Janna llama "Stans." Supone que la influencia de los Estados Unidos y del Unión Europea en los "Stans" de Asia Central es mayor que la de Rusia. Janna confunde la influencia de Rusia en Asia Central y Oriental en el periodo de 1945-1989 con la función que desempeñó en los Estados de Asia Central que pertenecían al Imperio Zarista en el siglo XIX. La influencia continua de Rusia en materia cultural, económica y política en las repúblicas de Asia Central, las relaciones con la SCO y las mismas relaciones de Rusia con China, son algo mucho más complejo que lo que Janna quiere hacer creer.
Janna nació en India, pero nos tenemos que preguntar por qué su categórica y derogatoria afirmación de que India no cumple con los requisitos para estar en la "primera división" de la política mundial, por su "atraso respecto a China de décadas tanto en progreso como en apetito estratégico."
A la larga, India no será apartada de la dinámica geopolítica por Pakistán, una "barrera" geopolítica que ha separado a India, cual si fuera una isla, de Eurasia. India tendrá vías de comunicación que pasen por países como Irán, Rusia, los Estados de Asia Central, Turquía y, por supuesto, China. Hace menos de una década, los expertos chinos en política exterior hablaban de India en términos derogatorios similares a los que emplea Janna. Hoy su juicio es muy diferente.
Cuando subestima a Rusia e India, se pregunta uno si quizá no estará subestimando a la Unión Europea. Su visión de la Unión Europea es una reminiscencia de la tesis de Robert Cooper de que esta es un "imperio postmoderno" supranacional, que le parece el socio menor del Imperio Americano. Era hace algunos años, y también era un craso error. La Unión Europea no es una "súper potencia"
La Unión Europea es extremadamente compleja, es mucho más que una entidad de estados nacionales y estructuras supranacionales gobernada por consenso y de movimiento lento. No existe un centro de dominación en la Unión Europea, y Bruselas está muy lejos de serlo.
La conducción estratégica de la Unión Europea la determina lo que acontece o no en Alemania y Francia. Y Alemania, el centro geopolítico de Europa, ya no tiene la apariencia de ver hacia occidente, sino que cada vez más parece voltear al oriente Hacia Europa Oriental, Rusia, Asia Central, Asia Occidental, China y la India. Esto se desprende de realidades neoeconómicas que han evolucionado y se han consolidado desde 1990. El nuevo enfoque hacia oriente se origina en un hecho nada espectacular, pero es realidad.
El nuevo presidente francés, Sarkozy, no parece muy entusiasmado con esta tendencia, pero la mayoría en la élite francesa quizá es más realista. Por razones históricas, Polonia tiene muchas y muy fuertes objeciones contra la tendencia euroasiática de Alemania, pero no podrá frenarla. En el Sur, la Unión Europea tiene ahora dimensiones "ortodoxas" (Grecia, Chipre, Bulgaria, Rumania, quizá Serbia en algún tiempo). Los lazos en materia de energía entre la Unión Europea y Rusia son irrevocables. Por el Báltico, por Europa centro oriental y por los Balcanes. El oleoducto Nabbuco que llevaría gas y petróleo de Asia Central a Europa pasando por Turquía y los Balcanes, sin cruzar Rusia, finalmente llevará gas de Irán a Europa.
Así pues, la Unión Europea no es ninguna "súper potencia" ni ningún "Imperio post moderno," y precisamente a causa de esto la Unión Europea no tiene gran peso en los asuntos mundiales. Janna parece haber comprendido esta contradicción, al menos en cierto grado, pero regresa siempre a su tesis de que la Unión Europea es una gran potencia. La explicación probable es que sencillamente no puede imaginar que un "jugador real" del "mercado geopolítico" no sea una potencia imperial. Y eso demuestra cuan inmerso se encuentra Janna en el Excepcionalismo Americano.
El "Segundo mundo"
La tercera tesis de Janna es correcta: el peso relativo de las tres super potencias está determinado por sus relaciones con los países del "segundo mundo" que están adquiriendo fuerza económica y política -en especial en Asia oriental, Asia Central, en el mundo árabe-musulmán de Asia Occidental y en América Latina.
Sin embargo de ello, no se puede dejar de lado que la distancia entre las super potencias, potencias grandes y potencias medianas se reduce constantemente. Por ello el mundo de hoy es multipolar. La escena mundial del siglo XXI no es el re-estreno del "Concierto de Europa" del siglo XIX, cuando cinco o seis potencias luchaban por la hegemonía. Janna afirma: "Los grandes problemas son para que los resuelvan los Tres Grandes." Pero el mundo moderno es multipolar, y no lo puede gobernar una triada de "súper potencias" -las tres luchando por la hegemonía mundial.
Janna proclama a ambas -multipolaridad y triada de "súper potencias"- en su artículo del New York Times. La contradicción resulta manifiesta cuando hace juicios equivocados respecto a los "nuevos tres grandes" en tanto que se mantiene en lo correcto respecto a las potencias que están adquiriendo fuerza en el "Segundo mundo" "-y sus complejas relaciones entre ellas y las potencias mayores, es decir, Estados Unidos, China, la Unión Europea, con Rusia e India.
Todos los asuntos del segundo mundo le corresponden a ese mundo, por su peso económico, estratégico o diplomático…ya no existe el "están con nosotros" o "es nuestro S.O.B." Mubarak, Musharraf, Mahathir y una constelación de líderes del segundo mundo han impuesto nuevas normas para la osadía manipuladora: Todos le dicen a los Estados Unidos que son sus amigos, pero al mismo tiempo cortejan en todos los lugares… Muchos países del segundo mundo tienen la seguridad de que construirán sus propios cinturones anti-imperiales, de que construirán ejes de comercio, técnicos y diplomáticos por todo el segundo mundo, de Brasil a Libia, de Irán a Rusia… los países del segundo mundo están empleando cada día más sus fondos soberanos (frecuentemente obtenidos del petróleo) que suman billones de dólares para hacer sentir su peso… El segundo mundo está entrando por su propio pie al juego del poder mundial."
Lo nuevo en la nueva política internacional a principios del siglo XXI es que los "métodos tradicionales" de proyección del poderío imperial -en especial por medios militares- ya no funcionan, o, por lo menos, no tanto como en el pasado. Esto ofrece a la "segunda división" oportunidades nunca antes vistas, y las están aprovechando diligentemente, en relaciones con potencias mayores, en particular, entre ellas mismas. La expresión más palpable de este fenómeno son las alianzas regionales en materia económica, política y de seguridad que han aparecido en el sureste asiático, el golfo Pérsico, Árabia, Asia central, América Latina y, de forma embrionaria, en África.
¿"Nueva" política exterior de los Estados Unidos?
Ahora llegamos a la cuarta tesis de Janna: las relaciones exteriores de los Estados Unidos se tienen que adaptar a las nuevas realidades geopolíticas, como las ve Janna, para seguir siendo una de las tres " superpotencias", con la posibilidad de conseguir de nuevo la posición número uno.
El subtítulo del párrafo final del artículo de Janna es "Menos puede ser más." Una fórmula para lo que los Estados Unidos tendrán que hacer, pero que no será fácil para una potencia que fue el "mero mero" por casi un siglo.
Janna señala atinadamente que tan difícil es para los estadounidenses abandonar el "iluso universalismo del Imperium Americano -que el mundo necesita un líder único y que la ideología liberal estadounidense tiene que ser la base del orden mundial." La florida retórica sobre política exterior de los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos subraya esta cuestión.
Janna acierta también cuando escribe: "No nos equivoquemos: América nunca fue poderosa por su dominio militar; la palanca estratégica debió tener un punto de apoyo económico… Ahora, cuando el dólar cae, cuando nuestra base manufacturera declina, y los estadounidenses ceden el paso a fondos extranjeros más ricos, nuestra educación científica, el acceso irrestricto, servicios médicos, seguridad y muchos otros puntos de referencias, están en retirada."
Todo esto es cierto, pero sigue siendo superficial considerar la gravedad de la crisis financiera actual, centrada en los Estados Unidos, y la gravedad de la recesión de la economía de los Estados Unidos. Estados Unidos -el Estado, las corporaciones y los ciudadanos comunes- están endeudados al extremo. Por un cuarto de siglo, los Estados Unidos han vivido de pedir prestado al exterior. El crédito externo no sirvió para inversiones productivas en la economía real, sino que se dirigió a la esfera financiera, al consumo y a los pagos del gigantesco presupuesto militar.
Ante la existencia de una crisis económica y financiera, uno se pregunta sobre las "soluciones" fáciles de Janna:" Hacer que la economía global trabaje para nosotros. Dado nuestro déficit y nuestra voracidad, la única solución es canalizar la liquidez internacional, particularmente asiática, a nuestra infraestructura pública, para crear empleos y plataformas técnicas que mantengan a la vanguardia la innovación estadounidense"
Me parece que una "reparación rápida" no resolverá la profunda crisis estructural. Superar la crisis de los Estados Unidos exige algo más que una "adaptación pragmática." Los axiomas ideológico, estratégicos y de política económica que han perdurado por tanto tiempo tienen que poner en duda. Pero parece que esto no es lo que quiere Janna.
Sus recomendaciones para política exterior así lo demuestran. Al futuro presidente de los Estados Unidos le da el siguiente consejo: "Nunca debe utilizar la frase 'interés nacional estadounidense.' Hable en lugar de ello de los 'intereses globales' y que tan cerca están de los intereses estadounidenses. Esto significa que ya no se hablará de los modernos 'principios estadounidenses'… Esta nueva actitud tiene que ser más que un acto: obedezcan este humilde principio y Estados Unidos se convertirán en el imperio excepcional que pretendió ser."
El supuesto de que las adaptaciones semánticas, estilísticas o tácticas de las relaciones exteriores de los Estados Unidos mantendrán o reestablecerán su hegemonía mundial es la subestimación más absurda de la inteligencia de otros actores de la escena política mundial.
El segundo consejo de Janna es: "Pentagonicen el Departamento de Estado… la diplomacia exige también el equivalente de comandos (militares) geográficos." Además de dicha "armonización militar-civil estratégica" entre el Pentágono y el Departamento de Estado (relaciones exteriores), propone el aumento generalizado de diplomáticos estadounidenses. Que los Estados Unidos reduzcan el número de sus bases militares en el extranjero -actualmente 750- no ha pasado por su mente. La reducción del absurdo presupuesto militar no está dentro de la reforma de Janna.
Fuera de ello, exige: "Al estilo americano, tenemos que construir un complejo diplomático militar… Que el departamento (de Estado) reciba dinero de Wall Street y lo ponga en ayuda regional y en paquetes de inversión." Las grandes fundaciones privadas estadounidenses como Gates o Ford Foundation deben participar y dar forma activamente a la diplomacia de los Estados Unidos. De acuerdo a esta "nueva" política exterior, el triunvirato mundial debe "convertirse en un G-3 de los tres grandes." En cuanto a las Naciones Unidas, al Consejo de Seguridad de la ONU y otros organismos multilaterales con "voces sin sentido y cacofónicas," Janna sentencia: "Los grandes temas son para que los resuelvan los Tres Grandes:" Y agrega que la estrecha colaboración entre los Estados Unidos y la Unión Europea "pondrán a sudar a China".
En resumen, Janna escribe en su artículo: "reúnan todos esos movimientos y se renovará la capacidad estadounidense en el mercado geopolítico -y quizá acredite nuestro excepcionalismo.
Estas palabras demuestran que Janna y sus patrocinadores del Estáblishment estadounidense siguen atados a los mismos axiomas que condujeron a su país a su peor crisis -interna y de su posición internacional. Con "pasos pragmáticos crecientes" al estilo Janna esta crisis no se superará. Lo mejor es que el mundo esté al tanto.



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