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Crisis financiera: la falta de acción presagia caos

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Aunque el optimismo sea real o una diversión de la mercadotecnia, la realidad es que la crisis sistémica, está lejos de ser superada, por el simple hecho de que las estructuras que la originaron permanecen inalteradas. Aunque muchos se auto engañaron con que la sucesión de reuniones internacionales ocurridas desde la profundización de la crisis financiera, marcada por la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers en septiembre de 2008, pudiese establecer a corto plazo un armazón institucional para una imprescindible reforma del sistema financiero, la verdad es que los avances prácticos fueron casi nulos.

Es de resaltar que tanto en EU como en el Reino Unido, gran parte de las acciones tomadas tuvieron como objetivo la preservación del sistema financiero basado en el control predominantemente privado del crédito. Como resultado, los bancos recogieron los dólares y las libras esterlinas generosamente ofrecidos por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra y trataron de mejorar velozmente sus balances, además de aplicarlos en las bolsas de valores y en la manutención de las carnosas y escandalosas remuneraciones de sus ejecutivos. En cuanto al crédito necesario para las actividades productivas, solamente lo han hecho disminuir.

En un artículo divulgado el pasado 6 de octubre, el ex-subsecretario del Tesoro de EU durante el gobierno de Reagan, Paul Craig Roberts, sintetiza la situación:

"Lo que está ocurriendo es que las centenas de miles de millones de dinero del TARP ("Troubled Assets Relief Program") dadas a los grandes bancos y los billones de dólares que fueron añadidos a los balances de la Reserva Federal fueron canalizados hacia el mercado de acciones, generando otra burbuja, y en la adquisición de bancos menores por bancos 'demasiado grandes para quebrar'. El resultado es más concentración financiera".

Otra advertencia vino del irreverente comentarista Mike Whitney. En un artículo publicado el 5 de octubre, reitera que el nivel de préstamos de los bancos norteamericanos se redujo 14% desde octubre de 2008. Al mismo tiempo, afirma, la cobranza de hipotecas y los niveles de insolvencia en el mercado inmobiliario siguen al alza. Cada mes, más de 300 mil contratos hipotecarios entran a cobranza judicial en el país. Dice:

"Las empresas están encontrando más dificultad en renovar sus deudas, la insolvencia en los créditos se encuentra en niveles históricos y el mercado inmobiliario comercial está explotando. La destrucción del crédito es inusitada, masiva y no se detiene. El agujero de capital es mayor que el de la Reserva Federal y mayor que el del Tesoro. No puede ser tapado solamente con liquidez. Hasta ahora el gobierno puede tocar al PIB con 800 mil millones de dólares en infusiones o estímulos, ¿pero que ocurrirá cuando la voluntad política para más déficit en gastos se disipe? ¿Qué pasará cuando los inversionistas extranjeros exijan que la Reserva Federal pare de sacar cheques por encima del límite de la cuenta?

El pronóstico de Whitney es sombrío, pero exacto.

"El sistema quebró porque fue levantado sobre el presupuesto falso de que un sistema bancario de sombras desreglamentado podría generar una cantidad infinita de crédito sin capital suficiente. Esto probó su error. El capitalismo requiere capital. Los billones de dólares en préstamos, instrumentos complejos de deuda, operaciones fuera del balance y contratos de derivados fueron amarrados todos encima de un pequeño pedazo de capital que, eventualmente, se derrumbó bajo el peso de la deuda. El sistema de aseguramiento que creó ese desorden no puede ser restaurado. Esto requiere una moneda fuerte, tasas de interés artificialmente bajas e inversionistas confiados que no estuvieran relacionados con los riesgos inherentes de los activos líquido. Tales condiciones no existen y no han existido durante más de dos años. Aún así, la Reserva Federal sigue bombeando sangre a un cadáver, con la esperanza de ver alguna tenue señal de vida. Por ello, una crisis todavía mayor no puede estar muy distante".

La devastación crediticia es confirmada en el informe de flujos financieros de la Reserva Federal para el segundo trimestre ("Flow of Funds Report"), cuyos datos fueron resumidos por el analista Martin D. Weiss (Money and Markets, 5 de octubre de 2009):

-Crédito para empresas: en 2008 los bancos proporcionaron crédito nuevo por una cantidad anualizada de 472,400 millones de dólares en el primer trimestre y 86,700 millones, en el segundo; en 2009, están liquidando créditos a una tasa de 857,200 millones de dólares en el primer trimestre y 931,300 millones en el segundo.

-Hipotecas: En 2008, se concedieron hipotecas a una tasa anualizada de 522,500 millones de dólares en el primer trimestre y 124 mil millones en el segundo; En 2009, están siendo liquidadas a una tasa anualizada de 39,300 millones de dólares en el primer trimestre y 239,500 millones en el segundo.

-Crédito al consumo: En 2008, ocurrieron aumentos anualizados de 115 mil millones de dólares en el primer trimestre y 105 mil millones en el segundo; en 2009, ocurrió una contracción de 95,300 millones en el primer trimestre y de 166,800 millones en el segundo.

Weiss también llama la atención para el hecho de que un informe paralelo del Departamento del Tesoro muestra que la deuda norteamericana en poder de extranjeros cayó ligeramente, pero aún se encuentra en el asombroso nivel de 7.9 billones de dólares. Para cubrir tal fuga casi inimaginable, el Tesoro estadounidense promovió una escalada acelerada de nuevos préstamos, a niveles anualizados de 1.433 billones de dólares en el primer trimestre y 1.896 billones en el segundo, respectivamente, 3.5 y 6 veces más que en los mismos períodos de 2008.

El comentario de Weiss habla por sí mismo y proporciona un cuadro más preciso que las evaluaciones amenas de la prensa especializada, que reflejan más un deseo que el análisis del mundo real. Dice:
"Cuando nuestros líderes no tienen la percepción de las consecuencias desastrosas de sus acciones, pueden alegar ignorancia y no tomar providencias. O, cuando, nuestros líderes no tienen evidencias concretas sobre lo que puede acontecer en el futuro, pueden por lo menos alegar incertidumbre. Pero, cuando tienen pleno conocimiento de un inminente desastre y poseen sus pruebas en cualquier escenario 'y las declaran en sus informes oficiales' y aún así no levantan un solo dedo para cambiar el rumbo, entonces, ellos solamente pueden hacer una única alegación: ¡INSANIDAD!"

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