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¿Un estrés que le hace bien a los bancos?

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image El optimismo con las pruebas de estrés de los bancos es exagerado (Huffington Post)

Según los comentarios parece que la "prueba de estrés" la aprueban los bancos. En verdad hasta ahora no lo parece.

Muchos medios de comunicación informaron que los simulacros de crisis, o "pruebas de estrés", hechos en los 19 bancos más grandes de EU, que se consideran en riesgo de quiebra, habían proporcionado resultados inesperadamente tranquilizadores: nueve de ellos estarían en buenas condiciones y, para los otros diez, bastarían solamente 75 mil millones de dólares de capital nuevo, naturalmente proveniente del gobierno y de los contribuyentes norteamericanos, disponibles en el Programa de Adquisición de Capital (Capital Purchase Program) del Tesoro, para hacer frente a las eventuales turbulencias futuras. Si fuese realmente así, podría decirse que la emergencia financiera concluyó, aunque la realidad parece ser un poco diferente.

Vale la pena recordar que los autores de las pruebas, la Reserva Federal, el Gabinete del Superintendente de Moneda y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC, siglas en inglés), no fueron capaces de anticipar la crisis bancaria más grande de la historia.

La prueba consiste en un simulacro computarizado con modelos econométricos para medir la seguridad de los bancos en un escenario de empeoramiento de la crisis económica. Los datos de cada banco son incorporados en un programa que simula situaciones alternativas mediante la introducción de variables económicas. Los resultados son, entonces, analizados para definir las intervenciones y soluciones para cubrir las deficiencias y la dificultad de gestión. Es un ejercicio que puede ser muy útil, si es bien hecho y con la exclusiva finalidad de identificar situaciones riesgosas para hacer las correcciones necesarias.

Las pruebas consideran dos escenarios económico; la llamada "línea-base", que sigue a los estimados generalmente aceptados, y un segundo "más desfavorable", que lleva en cuenta una "desaceleración económica más profunda y más prolongada" en el año 2009-10. Las variables económicas fundamentales utilizadas son las tendencias del PIB, la tasa de desempleo y los precios medios de los inmuebles. Las variables son muy útiles, pero insuficientes para analizar la posible evolución futura de la crisis financiera.

Teniendo en cuenta el escenario "más adverso", considerando que la "línea base" es demasiado optimista, las variables fueron definidas como sigue: caída del 3.3% del PIB en el 2009 y aumento del 0.5% en el 2010; desempleo, respectivamente de 8.8% y 10.3%, caída de los precios inmobiliarios de 22% este año y de 7% en el próximo.

Aunque el informe diga que fueron tomadas en cuenta tendencias peores que aquellas que ocurrieron en los momentos más negros de la crisis de la década de 1930, infelizmente, parece que los peritos fueron otra vez benevolentes. De hecho, los últimos datos oficiales apuntan hacia una contracción anualizada del PIB norteamericano de 6.1% en el primer trimestre del 2009 y una tasa de desempleo de 8.9% en abril. La referencia para los precios inmobiliarios, el llamado índice Case-Shiller para las 10 grandes áreas metropolitanas, en febrero, tuvo una baja anualizada de 18.6%. Y algunos analistas dicen que todavía no se ha llegado al fondo del pozo.

De cualquier manera, en el ámbito del segundo escenario, la Reserva Federal estima que, para el período 2009-10, los 19 bancos tendrán que lidiar con daños por 600 mil millones de dólares (que llegarán los 950 mil millones, considerados los daños desde la eclosión de la crisis en 2007). De estos, 455 mil millones serían pérdidas en carteras de préstamos hipotecarios y créditos al consumo, lo cual significa que 9.1% de todo el paquete de créditos ya está amenazado por la insolvencia.

Los resultados no parecen ser completamente verdaderos: además de un escenario evolutivo mucho más positivo de lo que es la realidad, las pruebas no analizan la situación financiera de los bancos en todo su drama. Recientemente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) describió como los bancos tienden a mantener una serie de pasivos ocultos y que, de cerca de 500 mil millones en daños en el sistema bancario internacional, solamente 200 mil millones está incluidos en los balances. Además de esto, los simulacros ha ignorado casi completamente la enorme burbuja de derivados "de mostrador" (OTC, siglas en inglés de over-the-counter) negociados fuera de los mercados regulados y mantenidos fuera de los balances. Un resultado de una prueba "más desfavorable" significa cerca de cien mil millones de dólares de daños potenciales de otros contratos OTC. Hay una gran preocupación con la falta de referencias explícitas a los derivados OTC de parte del JP Morgan Chase, que tienen solo derivados con valor nocional superior a 87 billones de dólares -valor superior en un tercio a todo el PIB del planeta.

Pero la deficiencia más grave del modelo aplicado en el simulacro de la crisis recuerda el caso del Banco de Italia. Efectivamente, un estudio reciente de la economista Antonella Foglia acerca de métodos de pruebas de estrés afirma que "la simulación de prueba de estrés proporciona informaciones sobre los potenciales daños causados por choques excepcionales, pero plausibles, y, así, ayuda a los peritos a evaluar la vulnerabilidad del sistema".

Es justamente lo que no fue hecho con los bancos norteamericanos, un simulacro en un estado de choque, apenas una tendencia negativa, pero un acontecimiento extraordinario. Si una prueba de estrés semejante al realizado hubiese sido hecha antes del colapso de las hipotecas subprime, no habría dado algún aviso de un colapso inminente, sino apenas una serie de vagas preocupaciones y, tal vez, algunos problemas que exigieran una mayor atención, pero nada más que eso.

Por tales razones, es preciso resaltar que las pruebas fueron una verdadera oportunidad perdida. No hubo un simulacro de una situación de choque para identificar comportamientos más arriesgados y las operaciones especulativas más peligrosas, a fin de que se prepararan los ajustes correctivos de emergencia.

Por eso, fueron preocupantes las recientes declaraciones optimistas del secretario del Tesoro Timothy Geithner, citadas en el periódico italiano La Reppublica del 8 de mayo pasado, que pueden revelarse infundadas y tener reverberaciones.

Según él, el gobierno de su país estaría creando un mercado de "préstamos heredados" y de "títulos heredados", como son prosaicamente conocidos parte de los títulos tóxicos en poder de la banca. Además de esto, con la declarada emisión de nuevos "títulos sustentados por préstamos para el consumo y la compra de automóviles", la opción se asemeja a una repetición de un perverso mecanismo que llevó a la implosión del sistema financiero.

El optimismo no está por demás, pero las cuentas deben ser hechas siempre con la dura realidad de los números.

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