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Emergencia en el comercio internacional, África de rodillas

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Constreñida a una terminología negativa que quiere trasmitir un poco de optimismo, como por ejemplo, "la velocidad de la declinación de la economía se está reduciendo," la reunión de ministros de Hacienda y de gobernadores de los bancos centrales del G-7, que tuvo lugar los días 25 y 26 de abril en la capital estadounidense mostró su obsesión con la urgencia financiera y la necesidad de responder a la insolvencia de los banqueros.

Liquidación a toda costa parece ser el programa que la Reserva Federal propaga por todos los centros de decisiones de la economía mundial. ¿Pero, cuáles son sus efectos en la economía real?

El G-20 de Londres y el G-7 de Washington están empeñados por igual en "realizar la iniciativa de meter por lo menos 250 mil millones de dólares para financiar el comercio." Es un porcentaje menor en comparación con los billones de dólares que se han otorgado para financiar el rescate de la banca en crisis, pero puede ser, con todo, un paso importante si se lleva a cabo de inmediato, pues productores, mercancías y maquinaria se encuentran hundidos en las arenas movedizas de la recesión.

Hay algunos sectores fundamentales del comercio mundial que han perdido más de 20 por ciento, como el tráfico comercial aéreo. Hay centenares de navíos portadores de mercancías detenidos en varios puertos. El comercio marítimo se acerca al derrumbe total, con desplome de precios, quiebra de armadores, parálisis del transporte por falta de mercancías que transportar.

Para el 2009, la Organización Mundial del Comercio prevé la reducción de 9 por ciento del comercio mundial, en tanto que la OCSE estima está pérdida en 13.2 por ciento.

En los 10 meses que van de abril de 2008 a febrero de 2009 el comercio mundial -dice el premio Nobel y economista estadounidense Paul Krugman- ha sufrido una caída muy superior a la que tuvo lugar en un periodo similar de la crisis del 29.

Los primeros en sufrir las consecuencias de esto son los países más pobres. Los ministros de economía de los países africanos reunidos el fin de semana pasado en la sede el Fondo Monetario Internacional en Washington presentaron un cuadro desolador y alarmante de sus economías.
África, y en particular la región del sur del Sahara, desde el principio de la crisis, sufren por los cambios de la demanda mundial, por el desastre de los precios de las materias primas y por la carencia resultante de inversiones y de fondos para el continente.

África ha perdido cantidades enormes de su producción para la exportación a causa de la reducción de los mercados de los países industrializados. Costa de Marfil perdió 22,4 de su comercio, sobre todo de maderas; Tanzania perdió 25 por ciento por la disminución de los pedidos de algodón y la fuerte disminución del café y de otros productos agrícolas; Ghana cerró su minería de cobre y de otras materias primas, mientras que un tercio de se presupuesto anual desaparece en el pago de los intereses de su deuda externa.

En consecuencia se ha reducido la producción, la ocupación y los ya de por si precarios niveles de vida. El Banco Mundial ha denunciado que el mundo, desde el inicio de la crisis, los pobres con menos de un dólar al día son ahora 50 millones más de personas que unen a los mil millones de personas que viven en la pobreza extrema. "La economía mundial se deteriora radicalmente. Los países en vías de desarrollo están ante las peores consecuencias, mientras la crisis económica y financiera se transforma en una calamidad humana."

Cuando se habla de las nuevas reglas, estas no se pueden limitar a las finanzas, sino que se tienen que redefinir en un modelo de progreso económico y social nuevo que no deje a nade al margen.

En los años cuarenta la naciente Guerra Fría había dejado a los países del bloque soviético y a los países pobres fuera de los acuerdos de Bretton Woods y de la reconstrucción y de la cooperación internacional.

Ay si el nuevo Bretton Woods excluyese a los países más débiles que son pobres en poder, pero ricos en los recursos y materias primas que ambicionan los países ricos. ¡Si no se responde al problema financiero también el "problema africano" se convierte en el peligro de otra quiebra sistémica que habrá de perpetuar el desequilibrio y la injusticia!

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