Se extiende la desindustrialización por el mundo
Uno de los efectos más dramáticos de la crisis económico-financiera global es una erosión de la base de la producción, que se extiende aceleradamente a nivel mundial. Epítome de esto, es la visible situación de la industria automotriz, la cual acumula daños record, en especial en EU. Este proceso amenaza convertirse en una inusitada y peligrosa desindustrialización con efectos funestos sobre los niveles de empleo y bienestar social.
La dimensión de la amenaza fue proporcionada por un informe de la Comisión Europea que advierte sobre un colapso sin precedente de la producción industrial en los países miembros de la Unión Europea (UE), cuya base industrial corre el riesgo de no recuperarse de la crisis. En su columna del 13 de febrero, el editor de Negocios Internacionales del periódico británico Daily Telegraph, Ambrose Evans-Pritchard, comenta el documento:
"En promedio, la producción industrial de la eurozona cayó 12% en diciembre del año pasado en relación al mismo mes en 2007, llevándose el campeonato España con una caída de 20%. Algunos de los países fuera de la eurozona experimentaron quebrantos brutales, como Letonia (21%), Suecia (18%) y Rumania (17%)".
El comisario para asuntos industriales de la Comisión Europea, Gunther Verheugen, hizo una dura advertencia:
"Lo que es completamente nuevo es la extensión y velocidad de esta crisis. La apertura crediticia es una realidad y hasta los Estados miembros están pasando problemas para financiar sus deudas. El activismo ciego no ayuda…No tenemos un solo euro en nuestro presupuesto para salvar empresas. Las opciones financieras de la UE y de los Estados miembros están llegando a sus límites".
De la misma manera, el analista de Barclays Capital, Julian Callow no se ahorra palabras:
"Toma tiempo para que las medidas monetarias surtan efecto. Los daños fueron ocultados durante el auge global, pero el colapso en la demanda expone las debilidades. Vamos a ver un prolongado período de desindustrialización".
La tendencia no se limita a Europa. Un estudio del JP Morgan Chase muestra una drástica contracción global de los pedidos a los sectores manufactureros en el último trimestre de 2008, además de la eurozona, en el Reino Unido, Japón, EU, China e India.
El mismo fenómeno se verifica e Rusia, donde la producción industrial sufrió una retracción del 20% en enero pasado, la mayor cifra mensual en siete años, aumentando los temores de una recesión mayor que la esperada. "Es un número dramático, es como un balde de agua fría en la mañana. Aumenta la posibilidad de una grave crisis económica y de una revisión hacia debajo de los estimados para el PIB de 2009, dijo Gintaras Shlyzhyus, analista del banco RZB citado por el periódico brasileño O Estado de S. Paulo del 16 de febrero pasado. Para rematar, no existen pronósticos optimistas de que las economías del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) pudiesen compensar parcialmente los efectos de la depresión global.
Brasil, ¿mero exportador de materias primas?
Es evidente que los efectos combinados de la crisis mundial y la pasividad interna ante la competencia saqueadora de los productos manufacturados asiáticos de bajo costo están provocando graves estragos en la industria nacional. Un boletín divulgado el 13 de febrero por el Instituto de Estudios para el Fomento Industrial (EIDI) muestra que en 2008 la industria de transformación brasileña tuvo un déficit comercial de 7,200 millones de dólares. Los números representan un enorme deterioro en la balanza de esos productos de nada menos que 26 mil millones de dólares en relación con 2007, cuando el superávit fue de 18,800 millones de dólares.
Para empeorar las cosas, las exportaciones de productos manufacturados tuvieron una fuerte caída a inicios de 2009, con una retracción de 37 por ciento en enero, en comparación con el mismo mes del año pasado. El boletín del IEDI indica que la caída fue más fuerte en los segmentos industriales donde se emplea más técnica; en el de la técnica más moderna (complejo electrónico y de precisión), el déficit llegó a 21,600 billones de dólares, el peor número desde el inicio de la serie histórica en 1997; en la franja de la tecnología media y alta (máquinas y equipos electromecánicos, automotriz, química, et.) el déficit fue todavía mayor, de 30,200 millones de dólares, de los cuales 20,900 millones correspondieron al sector químico, sin contar la industria farmacéutica.
Las dos franjas de menor contenido tecnológico siguen siendo superavitarias, pero la de técnica media y baja (petroquímica, metales, etc.) sufrieron saldos decadentes, con crecimiento de tan sólo 5,100 millones de dólares en 2008, menos de la mitad del año anterior. La franja de la tecnología baja fue la única que registró una mejoría entre 2007 y 2008, con un superávit de 39,500 millones de dólares, gracias al buen desempeño de las industrias de alimentos, bebidas y tabacos. No obstante, el superávit de los sectores textil, vestido y calzado se ha reducido, pasando a 1,800 millones de dólares de los 3,300 millones de 2007 -no es coincidencia que se trate de los sectores azotados por las importaciones asiáticas.
La retracción industrial, evidentemente, se hace acompañar de una reducción violenta del consumo de electricidad en el sector, cuyo Índice de Consumo de Energía registra una caída de 15,73 por ciento con relación a enero de 2008 (la empresa analiza datos de 119 empresas que actúan en el mercado libre de energía). De la misma forma, una fuente de Petrobras informó a Reseña Estratégica que el consumo de gas natural del país cayó cerca de 30 por ciento en enero, otro reflejo directo de la caída de la actividad industrial.
Pero mientras la participación industrial de las exportaciones cae, crece la del sector agropecuario, que pasó a representar el 42,2 por ciento del total de las exportaciones de enero, contra 34,9 por ciento del mismo mes del año anterior. Es evidente que la comparación no se debe tomar como una crítica a la creciente competitividad agropecuaria brasileña, sino como la mera constatación de la radical caída del contenido de la agregación de valor de las exportaciones nacionales, tendencia que, de no corregirse, amenaza con llevar el país de vuelta a una condición que recuerda la de la República vieja, cuando el café y el azúcar representaban cerca de dos tercios de las exportaciones.



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