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África en el centro para inaugurar una nueva ética del desarrollo

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El pontificado del Papa Benedicto XVI dejará en la historia el compromiso inequívoco de colocar al continente africano en la vanguardia de lo que debiera ser un horizonte de prosperidad económica al margen de la decadente globalidad financiera y simultáneamente jugar el papel de "pulmón espiritual del mundo" como el Papa afirmó al comenzar los trabajos del Sínodo de los Obispos para África, celebrado en el Vaticano del 4 al 24 de octubre.

Benedicto XVI explicó en qué términos se ubica la importancia universal del patrimonio espiritual africano: "África es depositaria de un tesoro inestimable para el mundo entero: su profundo sentido de Dios". La verdadera riqueza de África, -prosiguió-, no está en sus recursos naturales, "que por desgracia siguen siendo fuente de explotación, de conflictos y de corrupción". Al contrario, África "representa un inmenso pulmón espiritual para una humanidad que parece estar en crisis de fe y de esperanza", y la humanidad necesita esto "mucho más que de las materias primas".

También alertó que este pulmón podría enfermar, con dos "peligrosas patologías" que actualmente la "atacan". Por un lado el materialismo nihilista y relativista occidental, y por otro, el fundamentalismo religioso. Respecto al primero, el Papa afirmó que "el colonialismo del primer mundo no ha terminado", pues "ha exportado y siguen exportando sus residuos tóxicos espirituales" a otros continentes, y en especial a África. "Ahora bien, el reconocimiento del señorío de Dios es ciertamente uno de los aspectos sobresalientes y unificadores de la cultura africana", más allá de las múltiples y distintas culturas. El segundo virus que está atacando a África, es "el fundamentalismo religioso mezclado con intereses políticos y económicos".

Justicia y caridad

No solo fue la extraordinaria calidad con la que se organizó el Sínodo, sino que desde que Benedicto XVI visitó África en marzo del presente año, la trayectoria fue clara: El desarrollo de África representa un desafío que eleve la moral, pues lo que requiere para la supervivencia de sus pueblos supera las meras ayudas filantrópicas ocasionales. En la ocasión la profundidad y violencia de la crisis sistémica, habían retrasado la divulgación de su tercera encíclica sobre la cuestión social en el siglo XXI. "Espero que la encíclica pueda ser también un elemento, una fuerza para superar la difícil situación actual", afirmó el Papa momentos antes de iniciar su viaje pastoral por África.

A la luz del vibrante contenido de Caritas in veritate, un momento culminante en los eventos que acompañan las deliberaciones de los Obispos sinodales, fue la entrega simbólica de la Encíclica que el Papa ofreció a miles de jóvenes africanos para que la adopten como una guía. Conectados desde varios países de África en una teleconferencia con un auditorio del Vaticano, los universitarios asistieron al discurso papal: "En este contexto, a vosotros, queridos jóvenes he encomendado idealmente la encíclica Caritas in veritate, en la que exhorto sobre la urgencia de elaborar una nueva síntesis humanística (Cf. nº 21) que vuelva a anudar los lazos entre la antropología y la teología". "Queridos universitarios de Roma y de África --exhortó--, os pido que seáis, en la Iglesia y en la sociedad, operadores de la caridad intelectual, necesaria para afrontar los grandes desafíos de la historia contemporánea", afirmó

"A vosotros, queridos estudiantes africanos, os dirijo una especial invitación a vivir el tiempo del estudio como una preparación a desempeñar un servicio de animación cultural en vuestros países", concluyó. "La nueva evangelización en África cuenta también con vuestro generoso esfuerzo".

Uno de los aspectos sobresalientes en Caritas in veritate es el llamamiento a un diálogo para buscar en términos rigurosos el contenido de una nueva ética del desarrollo. En una polémica con las interpretaciones torcidas de la "ética" abundantes en el mundo del relativismo cultural, Benedicto XVI explica en la encíclica: "la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona". Más adelante abunda, "algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales. Una ética económica que prescinda de estos dos pilares correría el peligro de perder inevitablemente su propio significado y prestarse así a ser instrumentalizada; más concretamente, correría el riesgo de amoldarse a los sistemas económicos-financieros existentes, en vez de corregir sus disfunciones. Además, podría acabar incluso justificando la financiación de proyectos no éticos".

Las ideas elaboradas en la encíclica son fundamentales para educar a las nuevas generaciones de jóvenes africanos en conceptos más profundos a la altura de los cambios requeridos en su continente y en el mundo. Para África esto significa romper con una ideología de corte pre-cristiana que afianzó cadenas culturales mediante las cuales se impuso un nuevo tipo de colonialismo.

Tras el proceso de descolonización de las década de los 1960 y los 1970 el mundo postergó la creación de un nuevo orden económico justo cuya necesidad inminente había sido anticipada por el visionario Papa Paulo VI en su inmortal Populorum Progressio, a la cual Benedicto XVI le rindió homenaje ubicándola como la predecesora de su Caritas in Veritate. En ambas el corazón del desarrollo significa que es una "vocación", del hombre lo que "equivale a reconocer, por un lado, que éste nace de un llamado trascendente y, por otro, que es incapaz de darse su significado último por si mismo".

África sufrió como ningún otro continente las consecuencias de las injusticias y falta de caridad del no-desarrollo, al mismo tiempo la elite que se preparaba para gobernar fue en gran parte adoctrinada en una ideología que perpetuaba el tribalismo, el racismo y la novedad del ambientalismo; el maltusianismo era la visión dominante del poder anglo-americano. Este aberrante sistema de creencias que se divulgaba en los centros culturales africanos, como en el que irradiaba la Universidad Dar Es Salam de Tanzania, fue tomado como ejemplo en otros países del entonces denominado Tercer Mundo. En síntesis África fue esclavizada a un nuevo colonialismo, que aún padecemos.

Los crímenes que produjo esta ideología también fueron motivos de una sesión de los obispos sinodales. Una radiografía bien nítida que abarcó desde el genocidio producido por las guerras tribales, las acciones engañosas de ONG, el impulso por el aborto, hasta la proliferación de sectas que usan la superstición y las religiones animistas africanas.

De acuerdo a información de la agencia Zenit del 6 de octubre "Monseñor Joseph Bato'ora Ballong Wen Mewuda, portavoz del Sínodo, ha revelado algunas de las denuncias y horrores que han manifestado los 23 padres sinodales que tomaron la palabra en el libre intercambio del martes por la tarde. Otros de los obispos han denunciado que algunas ONG, tan admiradas en occidente, en realidad se convierten en tapaderas de agendas escondidas o incluso secretas. Están invadiendo el continente africano con el pretexto de ofrecer ayuda humanitaria, pero en realidad lo que buscan es promover ideologías, se ha afirmado".

El Papa Benedicto XVI nos invita a ver a África con los ojos de un nuevo renacimiento. En definitiva los dos componentes serán la cultura y la infraestructura, es el modo noble de retribuirle a África el sufrimiento padecido por su población victima de todo tipo de colonialismo, lo que al mismo tiempo significa ennoblecer al resto de la Humanidad en una nueva economía que derrote el suplicio hedonista de la globalización financiera. El Papa lo resume en su encíclica, "El problema del desarrollo está estrechamente relacionado al concepto que tengas del alma del hombre. Una sociedad del bienestar, pero que oprime el alma no está en si mismo bien orientada hacia un autentico desarrollo. No hay desarrollo pleno ni bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas".

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