MSIa: El Papa Benedicto XVI visita el Medio Oriente: sólo puede haber paz si hay justicia y perdón El Papa Benedicto XVI visita el Medio Oriente: sólo puede haber paz si hay justicia y perdón ================================================================================ Elisabeth Hellenbroich on 29 May, 2009 11:32:00 No fue una misión pastoral sencilla la que emprendió el Papa Benedicto XVI a Tierra Santa. El Papa llegó como un "peregrino" con la intención de visitar los principales sitios históricos, Jordania (Amman) e Israel (la ciudad santa de Jerusalén, Belén, Nazaret y Galilea. A pesar de los esfuerzos de la prensa que por todo el mundo trató de minimizar la importancia de la visita papal, esta fue un acontecimiento histórico, ya que el Papa uso la visita pastoral para atraer la atención del mundo al problema estratégico crucial de Medio Oriente. No habrá paz en el mundo, a menos que haya paz en Tierra Santa -el lugar en el que nacieron las tres religiones monoteístas. Sin embargo, la paz sólo se puede lograr si hay justicia y si se derriban las paredes de los corazones de la gente. Este mensaje fue repetido en varias ocasiones por el Papa. Lo hizo durante su visita a Amman, Jordania, donde fue recibido cordialmente por el Rey Abdullah II, así como en su discurso ante el Presidente de Israel, Shimon Peres, y el Premier israelí Netanyahu. El Papa aseguro al Presidente de la Junta de Gobierno Palestina Independiente, en su visita a Belén, que la Santa Sede hará todo lo posible para asegurar que los palestinos tengan una "patria soberana." A su salida del aeropuerto de Tel Aviv de regreso a Roma, el Papa resumió su visita al señalar que una "solución de dos Estados," una "patria palestina soberana," no es un sueño lejano. "Se puede llevar a cabo." En Amman, la primera parada del viaje papal, Benedicto XVI visitó la mezquita estatal jordana de Al-Hussein Bin Talal. El discurso de bienvenida al Papa lo pronunció un consejero del Rey Abdallah II, el Príncipe Ghazi Bin Mohammed, el organizador de la iniciativa musulmana de "Un mundo común." El príncipe Ghazi Bin Mohammed subrayó la importancia del diálogo musulmán-católico que se inició con "una carta abierta del 138 destacados académicos mahometanos enviada al Papa el 13 de octubre de 2007. La carta, de acuerdo a Ghazi, se fundamenta en el Corán y la Biblia. En la carta, los especialistas mahometanos reconocen la "primacía del amor de Dios y la vecindad de la cristiandad con el Islam. "Esto condujo a su vez a la iniciativa del Papa a convocar bajo su guía personal el primer seminario internacional del foro Mahometano-Católico internacional del año 2008. En ocasión de este seminario, como expresó el príncipe Ghazi, el Papa explicó que había escogido el tema "Amor de Dios, Amor de los vecinos, la Dignidad de la persona humana y el respeto mutuo." El tema lo pudo tomar de la carta abierta, la cual presenta el amor de Dios y el amor de los vecinos como el corazón de musulmanes y cristianos. No obstante reconoce que tanto cristianos como mahometanos tiene puntos de vista diferentes de Dios. Habló de la multitud de renglones en los que ambas religiones actúan juntas, en particular "en la defensa y en la promoción de los principios morales que son parte de la herencia común." En el discurso que pronunció en ante líderes mahometanos y profesores de la Universidad de Amman, el Papa habló de la naturaleza única del hombre: todo hombre, al ser creado por Dios recibe la "razón creadora." Guiado por la fe y la razón el hombre tiene la oportunidad fantástica de emplear la razón humana para buscar a Dios. Dijo el Papa que "la adhesión genuina a la religión, lejos de estrechar nuestra mente, amplía el horizonte de la comprensión humana. Protege la sociedad civil de los exceso de un "ego" desbocado que tiende a los finito y a eclipsar el infinito; asegura que se ejerza la libertad mano a mano de la verdad, y adorna la cultura con conocimiento de que esto es verdadero, bueno y hermoso." La visita a Israel, a donde llegó el lunes 11 de mayo, fue el segundo aspecto importante de su peregrinaje. Entre los primeros lugares que visitó estuvo el monumento al Holocausto Yad Vashem -una visita que perdió en cierto sentido su significado a causa de la prensa internacional, que criticó que los comentarios del Papa no tuvieron un "mea culpa" más explicito. Lo que el papa dijo allí fue muy claro. Señaló que se mantenía en "silencio ante este monumento, erigido en memoria de los millones de judíos asesinados en la horrorosa tragedia de Shoha. Perdieron sus vidas pero no perdieron sus nombres," que están unidos a los corazones de los seres amados, de sus compañeros sobrevivientes y de todos los que están decididos a impedir que una atrocidad semejantes hunda de nuevo en la desgracia al género humano." En Jerusalén pronunció un discurso ante el jefe de los rabinos y el rabinato en el que destacó las raíces comunes entre el judaísmo y el cristianismo. Judíos y cristianos, dijo, tienen la preocupación de asegurar "el respeto de la sagrada vida humana, de la centralidad de la familia, de la educación sólida de los jóvenes y de la libertad de religión y de conciencia para una sociedad sana." Ambas religiones rechazan por igual el "relativismo moral" y todo lo que ofende a la dignidad de la persona humana. El Papa visitó el Templo de la Montaña, el monumento mahometano más antiguo de Tierra Santa y luego el edificio al-Kubbah-al Nahawiyya, donde fue recibido por el Gran Mufti Muhammed Ahmad Hussein. Su discurso en este edificio fue una interesante reflexión sobre los compromisos personales del Papa para explorar los fundamentos espirituales de las tres religiones, razón por la cual subrayó que éstas tienen en común la creencia en un Dios, creador y gobernador de todo. Muy sorprendente fue el mensaje que dio a los palestinos. En la misa que celebró en la plaza Manger, en frente de la Basílica de la Natividad de Belén, el Papa convocó a los 10.000 visitantes que lo escuchaban "a ser testigos del triunfo del amor de Dios sobre el odio, el egoísmo, el temor y el resentimiento que destruye las relaciones humanas y crea división." Reiteró que los cristianos palestinos no tenían nada que temer. En el viaje a la franja occidental de l río Jordán fue recibido en Belén por el presidente de la Junta de Gobierno Palestina Independiente, Mahmud Abbas, a quien el Papa aseguró que "la Santa Sede respalda el derecho de vuestro pueblo a una patria palestina soberana en la tierra de sus antepasado, seguridad y paz con sus vecinos, dentro de fronteras reconocidas internacionalmente." Al mismo tiempo expresó su esperanza de que la reconstrucción de Gaza, destruida por la guerra, sea rápida. El Papa señaló claramente en sus discursos ante los palestinos que la situación en la que viven "es intolerable." No obstante, no puede haber "paz sin justicia, ni justicia sin perdón." Propuso en especial a los jóvenes, que son el futuro del Medio Oriente, no permitir la pérdida de vidas que experimentaron al cobijar en sus pechos la amargura y el resentimiento, y en su lugar resistir la tentación en la que muchos cayeron ya de recurrir a actos de violencia o de terrorismo. El Papa recalcó que es necesario "cultivar un pensamiento" fundado en la justicia, en la paz y en la cooperación para el "bien común." Los territorios palestinos necesitan más que "estructura económicas y comunitarias nuevas," dijo el Papa. "Los más importante es una infraestructura 'espiritual' capaz de galvanizar la energía de todos los hombres de buena voluntad en favor de la educación, del progreso y de la promoción del bien común. Tienen compatriotas para construir la cultura de la paz y del respeto mutuo que garantizará un futuro mejor para vuestros hijos. Esta empresa novedosa os espera. No temáis." Muy activa fue su visita al campo de refugiados Aida Palestina, donde el Papa se sentó ante el "muro de cemento "para observar las actuaciones de niños que sostenían llaves negras que representaban su deseo de volver a sus hogares en las ciudades de Israel. Al dirigirse a la multitud, el Papa expresó su solidaridad con los "palestinos sin hogar que merecen regresar a sus lugares de origen o vivir permanentemente en una patria suya." El Papa habló de la "situación intolerable" y señaló su angustia al ver la situación de los refugiados y observar la sombra del muro sobre una ciudad que separa a vecinos y divide familias." "He visto, junto al campo y ensombreciendo a Belén, el muro que penetra en vuestros territorios, que separa vecinos y divide familias. Las paredes se pueden construir con facilidad, pero todos sabemos que no duran para siempre. Se pueden derribar. Primero, no obstante, es preciso demoler las paredes que hemos construido en nuestros corazones, las barreras que ponemos contra nuestros vecinos. Esto es por lo que, en mis palabras de despedida, quiero hacer un llamado a la apertura y a la generosidad de espíritu para poner fin a la intolerancia y a la exclusión. No importa que tan difícil y complicado sea un conflicto, siempre hay lugar para la esperanza de que se puede resolver, la esperanza de que los esfuerzos pacientes y perseverantes de los que trabajan por la paz y la reconciliación al fin rindan frutos. Mi más ardiente deseo para ustedes, pueblo de Palestina, es que esto suceda pronto, y que ustedes sean capaces de disfrutar la paz, la libertad y la estabilidad que tanto han huido de ustedes." Les aseguró que en su debida oportunidad exigirá a los involucrados en la negociaciones de paz que trabajen para encontrar una solución justa que respete las aspiraciones legítimas de Israelíes y Palestinos por igual. La Santa Sede buscará el establecimiento en breve, en colaboración con la Junta de gobierno palestina, de la "comisión de trabajo bilateral" que está contemplada en el Acuerdo Inicial firmado en El Vaticano el 15 de febrero de 2000.