La visita del Papa Benedicto XVI a Francia: "Huid de la idolatría"
Lo que no se esperaba fue la triunfal recepción que se le dio al Papa en París. Lo que parecía una misión imposible se transformó en un diálogo exitoso del vicario de Cristo con los jóvenes franceses en particular, con representantes de la Iglesia francesa así como con representantes de la vida política y cultural. La trascendencia histórica de la visita del Papa estriba en que la Ilustración y la Revolución Francesa han sido el origen de un resentimiento radical contra el pensamiento cristiano, en el mismísimo país, al que el Papa llamó la "hija mayor de la Iglesia"; el Papa evocó en muchos jóvenes franceses el sentido de su responsabilidad de revivir la tradición cristiana de Francia y llevar la riqueza de su herencia cristiana al debate europeo.
Logró despertar en mucha gente la idea de que la tal "identidad cultural" es el punto de referencia más positivo de Francia y Europa. Dijo que Francia fue hogar en la Edad Media de muchos movimientos monásticos, como, por ejemplo, el movimiento cluniacience; Francia, dijo el Papa, se convirtió en el lugar del movimiento de la Catedral (fue Thierry de Chartres uno de los educadores más famosos de los constructores de catedrales), En el discurso que pronunció ante el "Instituto de Francia," el organismo que agrupa a todas las academias científicas, mencionó al poeta, doctor y pedagogo Jean Francois Rabelais con las palabras: "Rabelais tenía razón cuando afirmó en sus días que 'la ciencia sin conciencia es la ruina del alma' " (Pantagruel 8 de Gargantúa y Pantagruel).
Luego el Papa tendió un puente entre lo que el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, llamó "secularismo positivo," y la fe y la razón.
Entre los momentos más destacados de la visita papal se encuentran los discursos en el Palacio del Eliseo, así como el que dirigiera a la élite cultural francesa y a los representantes de diferentes religiones.
En su discurso de bienvenida en Palacio Eliseo, el Presidente Francés, Nicolás Sarkozy, dijo que en tiempos como los actuales sería una locura relegar la religión al plano personal y privar a la sociedad de las contribuciones de la fe. Sarkozy habló de la necesidad de un "secularismo positivo" (Laicité positive). Este concepto podría ser decisivo en el debate actual sobre capitalismo y Doctrina Social de la Iglesia: "Francia ha comenzado junto con Europa una reflexión al respecto de la moral del capitalismo," dijo. "El crecimiento económico no tiene sentido si se convierte en su propio objetivo (consumir por consumir). Sólo el mejoramiento de la situación del mayor número de personas y la satisfacción de sus necesidades son fines legítimos. Esta enseñanza, que forma parte del corazón de la Doctrina social de la Iglesia, guarda perfecta consonancia con las tareas de la economía globalizada contemporánea."
El secularismo positivo, de acuerdo al presidente Sarkozy, sería una invitación al diálogo, a la tolerancia y al respeto. Sarkozy habló también de los grandes desafíos al pensamiento moral que enfrenta Europa y el mundo, retos en el campo de la bioética, donde la cuestión de la dignidad humana está en duda, o en materia de fanatismo y relativismo, que amenazan las relaciones de las naciones. La verdad de Europa descansa, dijo Sarkozy, en el hecho simple de que siempre que en ella se viola la noción de la dignidad humana termina hundiéndose en la peor de las barbaries. Sarkozy advirtió que no habría nuevas guerras religiosas, que el Papa había dado un paso importante al reunirse con el Rey de Arabia Saudita en términos de un diálogo de religiones positivo. Por ello el diálogo entre las religiones debe ser una de las tareas más importantes del nuevo siglo.
El Papa utilizó su discurso dirigido a los políticos para reflejar la relación de la "Iglesia y el Estado (como se sabe, en Francia, desde la Revolución de 1789, hay una separación radical de la Iglesia y el Estado y su relación muchas veces se ha visto marcada por una profunda desconfianza,) y las contribuciones que puede dar la fe a la sociedad.
Dijo que se congratulaba de tener la oportunidad de visitar Francia y "pagar así un tributo a la enorme herencia de cultura y fe que formaron la sorprendente historia de vuestro país y que han hado tantos servidores de la Nación y de la Iglesia, cuya doctrina y ejemplo han llegado mucho más allá de las fronteras geográficas de lustra nación, dejando su marca en el curso de la historia mundial."
Francia, al igual que Europa, fue cristiana desde sus orígenes, dijo el Papa. Hizo referencia a las primeras contribuciones misionarias, en especial la del Obispo de Lyon, San Irineo, quien viviera a mediados del segundo siglo y que escribiera el "Adversus Haereses" para atestiguar en Lyon el vigor de pensamiento cristiano. El obispo llegó de Esmirna para predicar y su lengua era el griego. "¿Puede haber un signo más bello de la naturaleza y el destino universal del mensaje cristiano?" preguntó el Papa.
El Papa habló del mensaje universal positivo que trasmitió la cultura francesa; desde tiempos antiguos el mensaje universal de la fe cristiana se ha reflejado en Francia en la cultura positiva que trasmitieron los monasterios y los monjes que fueron los maestros y que fueron los que copiaron los libros con los que contribuyeron a la educación del corazón y de la mente. El Papa recordó a los asistentes que muchas abadías y catedrales "que embellecen lustras ciudades" son la expresión viva de este concepto de fe cristiana.
Retomó la noción de Sarkozy del "secularismo positivo" y subrayó que ha visto que muchos en Francia han pensado en la relación Estado e Iglesia que hoy es reemplazada por el "diálogo racional." En un tiempo en el que la cultura es cada vez más interdependiente, es necesario un nuevo pensamiento sobre el significado del secularismo positivo y que garantice también la libertad religiosa.
"Los jóvenes son mi preocupación más grande, dijo el Papa, muchos de ellos enfrentan la dificultad de encontrar una orientación adecuada o sufren la pérdida de puntos de referencia en su familia." Otros experimentan la limitación de grupos o comunidades religiosas y están marginados y abandonados a su suerte. Por ello sería de gran importancia darles buena educación y respeto.
Dado el creciente vacío que separa a ricos y pobres, el Papa encomió a Francia a usar su posición en el Unión Europea para contribuir a la grandeza de la Unión Europea. Recalcó que el verdadero valor de la sinfonía europea estriba en el respeto y la garantía de las diferentes tradiciones culturales de las naciones europeas.
El otro gran discurso del Papá fue el del Colegio de los Bernardinos, lugar histórico construido en el siglo 12 por los hijos de Bernard de Clairvaux. El Papa se dirigió a un público formado por la élite de la cultura francesa y por representantes religiosos, entre ellos especialistas musulmanes y judíos destacados. Se dirigió a ellos como un maestro que les exponía una clase sobre las raíces de la cultura europea. El Colegio de los Bernardinos es hoy un importante "centro de diálogo" entre el pensamiento cristiano y las corrientes intelectuales y artísticas de la sociedad moderna.
La cultura europea en sus orígenes, señaló el Papa, era una "cultura monástica." Esta cultura no pertenece al pasado sino que es la esencia de la cultura europea y por lo tanto es también hoy un elemento importante del debate cultural.
Los jóvenes que decidían ser monjes y que vivían en los monasterios fueron guiados por la meta de buscar a Dios, "Quaerere Deum." Buscaban, dijo el Papa, algo esencial, eterno, que superara lo efímero. "El sendero era la palabra que se descubría al hombre en los libros de las Sagradas Escrituras… Así, por la necesidad interior la búsqueda de Dios exige una cultura de la palabra."
"Por la búsqueda de Dios las ciencias seculares adquirieron importancia, la ciencia que nos muestra el camino a la lengua," dijo el Papa. "La búsqueda de Dios requería la cultura de la palabra y por ello era apropiado que el monasterio tuviese una biblioteca que indicase los rumbos de la palabra. Fue apropiado también que tuviese una escuela donde se pudiesen descubrir los rumbos."
El Papa subrayó que los monasterios fueron el lugar en donde se le dio la educación al hombre. Y es por ello la enorme cantidad de bibliotecas y escuelas que surgieron del movimiento monástico. La búsqueda de Dios en la palabra fue acompañada por la "cultura del canto" que fue el origen de la música occidental. En palabras del Papa: "Esta necesidad intrínseca de hablar con Dios y cantarle de Él con la palabras que Él le había dado al hombre fue la produjo la gran tradición de la música occidental." La cultura monástica no sólo recalca el aspecto de la Oración y el Canto, "Ora," sino el "Labora," de trabajo. "El monaquismo no involucra nada más una cultura de "palabra," sino también una cultura de "trabajo," sin la que la aparición de Europa, su ethos y su influencia en el mundo serían impensables." El Papa definió la noción de Trabajo como el hombre "que comparte la obra del creador."
Huid de la idolatría
Al hablar de las historia de la cultura monástica como entidad que constituye a la cultura cristiana occidental, señaló que es un tema propio de estos tiempos, pues, según él, la juventud de hoy se enfrenta al problema de la arbitrariedad subjetiva y al del fanatismo fundamentalista, así como a la creencia en los falsos ídolos. El Papa se refirió al Apóstol San Pablo, quien en su discurso del Areópago a los atenienses dio una homilía en la que señaló a ellos habían escrito en su altar las palabras "A un Dios desconocido:" "Eso que adoráis sin conocerlo, es lo que yo os anuncio."
No obstante que la situación actual es diferente en muchos aspectos a la que San Pablo encontró en Atenas, las dos situaciones tienen mucho en común. "Nuestras ciudades ya no están llenas de altares o de imágenes de deidades. Dios se ha convertido para muchos en el gran desconocido. Pero en el pasado detrás de muchas imágenes de Dios se ocultaba la cuestión del dios desconocido, y hoy la ausencia actual de Dios está rodeada silenciosamente por la pregunta de sobre Él." Quaerere Deum -buscar a Dios y dejar que nos encuentre, sería hoy tan necesario como en el pasado. "Una cultura exclusivamente positivista que trate de resolver el problema de Dios en el plano subjetivo, por ser anticientífico, sería la capitulación de la razón, la renuncia a las posibilidades supremas y, por ello, un desastre para la humanidad, con consecuencias muy graves," advirtió el Papa.
En la homilía que dio en la Misa celebrada en la "Esplanade des Invalides" de París, a la que asistió un cuarto de millón de personas, en su mayoría jóvenes, el Papa hizo otra referencia a San Pablo, quien en su Primera Carta a los Corintios advirtió contra el paganismo: "Huid de la idolatría," (I Carta a los Corintios 10, 14). San Pablo escribe a una comunidad que, en las palabras del Papa, "estaba profundamente marcada por el paganismo y dividida entre la aceptación de la novedad del Evangelio y la práctica de antiguas formas heredadas de sus antepasados. Huid de la idolatría; para los contemporáneos de San Pablo esto significaba dejar de adorar a las divinidades del Olimpo y dejar de ofrecerles sacrificios sangrientos."
El Papa empleó esta referencia para advertir sobre las modernas formas de idolatría: la "codicia insaciable" y el "amor al dinero" que se han convertido en la raíz del mal. Advirtió que el mundo moderno debiera, lejos de imitar a los paganos de la antigüedad, redefinir en la tradición de la cultura cristiana occidental cuál es el verdadero fin del hombre. Por lo tanto, recalcó, "lo que fue el cimiento del la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disposición a escucharlo, sigue siendo hoy la base de toda cultura genuina."



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